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El cutre ladrón que murió en el intento

Por Francesca Jaume
lunes 26 de marzo de 2018, 01:00h

Això era i no era, bon viatge faci sa cadernera, la historia de cuatro hombres que querían hacerse ricos, y para ello idearon un plan. El “serebro” de la operación era uno llamado Pep Merda, que contactó con otros individuos de inteligencia equiparable a la suya, para perpetrar el golpe del siglo en la casa de campo de un señor que se dedica a las maquinitas y al que ya habían ido a molestar en una anterior ocasión. En total eran cuatro: la materia gris, el proveedor de armas/chófer y dos hermanos musculitos, uno de ellos traficante de cannabis y camello de los dos primeros.

Un buen día de invierno, quedaron en un pueblo mallorquín costero a las 4.30h de la madrugada para dirigirse a la finca en cuestión, a unos 20km. Una vez llegados al sitio, los dos más jóvenes entran en la finca y quedan en verse dos horas después en el mismo lugar.

Los dos asaltantes, gemelos para más señas, se adentran en la finca disfrazados y provistos de patas de cabra. Sin embargo, en vez de entrar en el chalet y aprovechar que posiblemente los moradores están durmiendo, prefieren hacer tiempo fuera y esperar a que se despierten y abran las puertas. Es decir, quedan a las 4.30h para que el golpe sea tempranero pero luego esperan a que los abuelitos se despierten y abran las puertas a pesar de que ellos llevan patas de cabra. Debe ser más chulo hacerlo así.

Una vez abiertas las puertas, se abalanzan encima del viejecito de la casa y le piden el dinero. Éste, accede a las pretensiones de los dos musculman y les abre una caja fuerte. Meten muchas monedas en una mochila y la mochila se rompe. Es decir, van a robar a un sitio en el que el botín será en forma de monedas y su alforja es un petate que se rompe a las primeras de cambio.

Durante los hechos, su inteligencia les lleva a dejar solo al atracado, para darle tiempo a pulsar el botón de la alarma y llamar al servicio de emergencias un par de veces. Eso de atar a la víctima a una silla ya no se debe de llevar. Y claro, como hemos dado margen al señor de la casa, a éste le ha dado tiempo a coger una escopeta para defenderse de un atraco del que ya estaba en preaviso de que podía suceder.

Va, y se produce forcejeo, agresión y un disparo. El orden no lo diremos nosotros.

A resultas de este disparo uno de los dos boxeadores es herido y pierde mucha sangre. Ante esta situación, el hermano ileso tiene que elegir entre intentar salvar la vida de su ‘bro’ o huir con el dinero, y… claro, no hay que olvidar para qué estaban allí. Coge el dinero y a su hermano que le den.

Mientras tanto, el serebro de la operación y el chófer habían decidido que, en vez de montar guardia y estar de retén por si salía algún imprevisto, sería mejor pasar la mañana haciendo un par de cubatillas en el pueblo del que son oriundos, dejarse ver y eso. Cuando vuelven a la finca -sita en el pueblo vecino- y como los atracadores materiales aún no están, deciden ir de copas un poco más, que eso de esperar allí es muy aburrido y estar parado deja más rastro que moverse.

Llegan otra vez a la finca asaltada y recogen al ladrón huído. Les cuenta lo que ha sucedido. Éstos tampoco estiman conveniente entrar en la finca para rescatar al compi. El superviviente va con el botín, pero les dice a los otros dos que la cantidad robada es muy inferior a la que realmente lleva. La pela es la pela, y mejor no tener que pagar la comisión. Los otros dos, que llevaban entre pecho y espalda varias horas de alcohol, se lo creen.

El chófer lleva al musculitos a la capital en vez de ir a la localidad donde vive, y lo deja allí suelto. Éste, según dice, tira la mochila en un contenedor y también las monedas que había robado. Como es muy clarividente, intuye perfectamente que la poli se creerá esta milonga y no le reclamará el dinero robado porque ha dicho que ya no lo tiene.

Si no fuese porque todo acabó en tragedia, el atraco de Porreres bien podría ser motivo de un guión de Monty Python en versión mallorquina. Leyendo la crónica de cómo se desarrolló toda la secuencia, uno piensa que es difícil ser más chapuzas que estos los atracadores.

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