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Las familias se vuelven a endeudar

Por José A. García Bustos
sábado 31 de marzo de 2018, 02:00h

Peligro. Las familias se vuelven a confiar. Las buenas expectativas sobre la economía les llevan a gastar más de lo que ingresan y, por tanto, a endeudarse. Así se desprende de las cuentas trimestrales no financieras que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadística.

Las consecuencias de que se endeuden las familias son varias y la mayoría, motivo de alarma. Sobre todo, por venir de donde venimos.

Primera, las familias se endeudan porque han dejado de ahorrar. Hasta en los tiempos de dura crisis económica con tasas de paro en lo más alto, las familias eran capaces de ahorrar. Se ahorraba hasta el 12% de lo que se ingresaba. El ahorro que consigamos hoy permitirá responder a un futuro que se torne hostil.

Segunda, las familias han bajado la guardia. El motivo por el que no se ahorra y las familias se vuelven a endeudar es por un aspecto psicológico: el de la confianza. Cuando las familias son optimistas respecto al futuro, los mecanismos de alerta se relajan y aumenta el gasto. Cuando son pesimistas se produce el conocido “ajuste del cinturón” y son capaces de generar ahorro o reducir el nivel de endeudamiento.

Tercera, además de no ahorrar y destinar más fondos de los que son capaces de generar, las familias invierten poco y siguen dirigiendo la mayoría de su dinero a gastos y vivienda. Los primeros, a diferencia de las inversiones, no producen un pay back, (que no es cantar moviendo los labios ante una grabación musical), sino la devolución del dinero invertido en un periodo de tiempo. Los gastos son, a veces necesarios para vivir dignamente. Otras veces, para hacerlo más que bien y otras para vivir por encima de las posibilidades. Los gastos no necesarios son derroches o gastos suntuarios y están muy presentes en la vida de las familias cuando tienen la sensación de euforia. Se deberían erradicar y ser sustituidos por ahorro.

La otra gran partida a la que se destina el dinero es la vivienda en propiedad. Fíjense que, en contra de lo que mucha gente piensa, quiero desterrar la idea de que una vivienda es una inversión. La compra de una casa no genera dinero. Al contrario, detrás de un hogar se va mucho dinero: seguros, suministros de agua, luz, gas, wifi, calefacción, aire acondicionado, reparaciones, mobiliario, electrodomésticos, televisión(es) de plasma, etc. Y, ¿qué dinero devuelve una casa? Nada, salvo que esté alquilada y genere una renta. En este caso será un activo. Mientras solo sea para vivir será un pasivo porque requiere dinero y no devuelve nada.

¿Necesitamos una casa para vivir? Evidentemente sí. En alquiler o comprada. En cualquier caso, no debería ser más costosa de lo que se necesita. Warren Buffett, el segundo hombre más rico del mundo según Forbes, vive en la casa que compró en 1958, por la que pagó 31.500 dólares de la época.

Para Warren Buffett, el valor de su casa representa solo el 0,001% de su patrimonio ¿Qué porcentaje representa la “nuestra” en el nuestro? Recuerden que el valor patrimonial neto de la vivienda es el valor de mercado menos la hipoteca asociada. Lo que tienes menos lo que debes. De ahí sabrán qué parte es suya y qué parte es del banco.

En el caso de las familias españolas existe cierta obsesión por la compra de la vivienda habitual y por la de la ostentación pensando que la casa es el reflejo del patrimonio familiar. Gran parte del endeudamiento va destinado a tal fin. También se piensa que la casa es un bien que se puede vender en caso de dificultad. Como hemos visto, en épocas malas, si no puedes afrontar las deudas, o se malvende la vivienda o te desahucian. Pero difícilmente se vende como se espera.

El reto es fomentar el ahorro entre las familias y, sobre todo, elevar la cultura financiera entendiendo qué genera fondos y qué no y porqué se debe destinar una parte de los ingresos al ahorro, independientemente del nivel de renta de cada uno. Siempre en consonancia al mismo. Tener ahorros, no solo permite afrontar condiciones adversas sino también, adquirir gangas o inversiones baratas.

Se debe reducir la dependencia del mercado inmobiliario y se debe diferenciar entre activos y pasivos, evaluando los primeros y adquiriendo los más interesantes. Se debe reducir la exposición a los pasivos y se debe hacer que los activos trabajen para ti, complementando los ingresos del trabajo y las poco fiables pensiones futuras.

Parece que no hemos aprendido de la última crisis y que nuestras actuaciones nos encaminan a otro precipicio. A veces, ni con sangre la letra entra.

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