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Un día para disfrutar

martes 24 de abril de 2018, 03:00h

Ayer, 23 de abril fue la Diada de Sant Jordi, para los catalanes el día del libro y la rosa, que se ha extendido más allá de las fronteras de Catalunya y se convertido en un día mundial del libro, en un fenómeno extraordinario, si no único, en que una tradición local ha devenido universal por la potencia emocional positiva implícita en su misma esencia.

Ayer fue un día para disfrutar, para olvidarnos por unas horas de la incompetencia, venalidad y vesania de nuestros gobernantes y políticos en general y de muchos estamentos de nuestra sociedad que, por desgracia, tienen un papel excesivamente relevante y un poder exagerado de influencia sobre nuestras vidas, relevancia y poder que no merecen, porque no los ejercen con la mesura, pericia e imparcialidad que deberían.

Pero ayer fue un día para pasear por las ciudades y pueblos, para detenerse ante las paradas o entrar en las librerías, pasear la mirada por las estanterías o las mesas llenas de libros, escoger algún título que nos llame la atención, o uno que ya tuviéramos decidido, hojearlo con respeto y cuidado y comprarlo, para nosotros o para regalar.

También, por supuesto, para comprar una rosa, o varias, para nuestras personas estimadas, de color rojo o amarillo, o blanco o azul, como muestra de amor, de cariño, para decirles que son importantes para nosotros, que nuestra vida con ellos es mejor y que nos conforta tenerlos como compañeros de viaje.

Los libros, con escasas excepciones, algunos hay que son pura basura, son siempre una buena compañía, son un compañero que siempre está ahí, que nunca falla. Los libros son un refugio contra la soledad y contra los sinsabores y las desgracias, también contra la indignación y la aflicción que nos provocan con frecuencia los acontecimientos que ocurren en nuestro entorno o en el mundo entero, debidos habitualmente a la infamia de los que dirigen el planeta.

Espero que todos ustedes disfrutaran de la diada, que regalaran y recibieran libros y rosas y, sobre todo, que lean los libros. El libro no tiene sentido por sí mismo, como objeto de decoración en una estantería, solo cumple con su función cuando alguien lo coge entre sus manos, lo abre e inicia el rito íntimo y maravilloso de leer, sumergirse en el texto, ir pasando las páginas, avanzar a través de la trama expuesta y extraer el significado, que siempre es personal y no necesariamente coincidente con el del autor. Esa es una de las maravillas de los libros, el mismo libro es diferente para cada uno de sus lectores, cada quien, de la lectura deduce su propia experiencia, única e irrepetible.

En definitiva, compren y regalen libros, impresos o electrónicos, que también son libros, aunque en España tienen un precio indecente y, sobre todo, lean y fomenten la lectura entre los suyos. En chino, el día de ayer no se llama, significativamente, día mundial del libro, sino Día Mundial de la Lectura de Libros.

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