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La familia

Por José Luis Mateo
jueves 17 de mayo de 2018, 02:00h

El 20 de septiembre de 1.993, la Asamblea General de Naciones Unidas decidió que el 15 de mayo de cada año se celebra el Día Internacional de la Familia. Esto de los días, semanas y años internacionales, además de resultar vistoso, no persigue un simple efecto estético, sino que trata de sensibilizar, concienciar, llamar la atención sobre importantes cuestiones que deben ponerse de relieve y señalar problemas sin resolver, a fin de que, a través de esta sensibilización y una siempre necesaria labor de concienciación, los gobiernos, los estados o quienes tienen los medios adecuados a su alcance, adopten las medidas necesarias y actúen en consecuencia.

En lo que se refiere a la familia, ciertamente, el propio término se ha transformado en las últimas décadas, evolucionando de acuerdo a las tendencias mundiales y cambios demográficos y culturales, si bien, en última instancia, sigue considerándose la unidad básica de la sociedad. Y desde esa perspectiva, el Día Internacional de las Familias nos permite reconocer, identificar y analizar cuestiones sociales, económicas y demográficas que tienen que ver con el propio núcleo de nuestra sociedad. Este año, se destacaba el papel de las familias y las políticas familiares como elemento importante a la hora de construir sociedades pacíficas e inclusivas para lograr un desarrollo sostenible.

Creo que la importancia de la familia, a estas alturas, está fuera de toda duda. En términos generales, y de forma descriptiva, una familia es un grupo de personas que están relacionadas y que conviven juntas. Pero no solo es eso. Cuando hablamos de familia, nos estamos también refiriendo a una unidad de protección, a algo sólido y diverso. Existen familias nucleares, familias numerosas, familias monomarentales, monoparentales, homoparentales, adoptivas, acogedoras...La familia es algo más que un fenómeno puramente biológico, es una construcción cultural en la medida en que cada sociedad la define de acuerdo con sus necesidades y forma de ver el mundo. De hecho, ahí es donde comienza todo y donde todo acaba, es el lugar del que bebemos lo que más nos enriquece como personas, es la fuente de nuestra educación y de nuestra forma de ver la vida. La familia nos hace personas y es nuestro primer puente hacia la socialización. Lo es todo. Es el horno en que grabamos a fuego los valores que van a acompañarnos a lo largo de nuestro camino y es ese apoyo que nunca desaparece, incondicional, único e inigualable.

Creo sinceramente que, en los tiempos que corren, apostar por la inclusión, por la diversidad, por la aceptación de las diferencias, no es una opción, es un deber. De hecho, nos hallamos ante un nuevo reto, ante una verdadera oportunidad que se nos brinda y que, sin duda, enriquece nuestra sociedad y nos hace mejores. Porque, en última instancia, la importancia crucial de la familia viene dada por la función que lleva a cabo como núcleo de nuestra sociedad, como espacio de desarrollo sano de oportunidades para todos sus miembros. En la familia se educa para ser persona, se modela el carácter, se potencian las emociones positivas (amor, alegría, perdón, solidaridad, comprensión…) y se trabaja para gestionar las negativas, aprendiendo de los errores y superando las adversidades. Con esa base, aun pensando distinto, respetando a los demás, crecemos como personas y como ciudadanos.

Pero no debemos olvidar que hay familias en que también encontramos vulnerabilidad, desestructuración y riesgos socioeconómicos y psicosociales. Se encuentran todavía muchas dificultades y desigualdades. Y ahí es donde está el verdadero caballo de batalla. Todos podemos aportar nuestro granito de arena, comenzando precisamente desde dentro, desde nuestra familia, pero también las administraciones públicas y quienes disponen de medios para luchar contra lo que tanto daño causa a nuestra sociedad. Es evidente que resulta positivo este 15 de mayo si nos hace reflexionar, pero que no quede todo en el 15 de mayo ni en una simple reflexión, porque debemos seguir luchando por el derecho de todos a vivir en familia sin excluir a ningún miembro, como derecho fundamental de todos, sin distinción. “Sin una familia, las personas solas en el mundo, tiemblan con el frío” (André Maurois).

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