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La clave no está en el qué sino en el cómo

Por Enrique Gomáriz
viernes 01 de junio de 2018, 01:00h

Es cierto que las principales tramas de corrupción en el PP tienen su origen en los gobiernos anteriores al de Mariano Rajoy, corresponden principalmente al período de José María Aznar. Pero la cuestión es que Rajoy asumió una estrategia defensiva de esa herencia política recibida. Y, como ha hecho con otros asuntos, esa estrategia ha sido básicamente de resistencia, algunas veces obstinada, de las posiciones institucionales conquistadas, donde jugaba un papel protagonista la confianza conservadora en el supuesto de que el poder judicial tiende a respetar el orden establecido.

Pero, como sucede en buena parte del mundo, las cosas en la judicatura están muy revueltas. Parece que los jueces perciben que la pérdida de prestigio social que les afecta con el paso del tiempo, solo puede compensarse con una mayor dosis de actuación con alto impacto político. Así que puede afirmarse que la confianza de Rajoy en dejar el tema de la corrupción en manos de la justicia le ha costado considerablemente cara. Las sentencias correspondientes al caso Gurtel, lejos de ser contemporizadas han resultado rotundas, ejemplares.

El efecto político de las sentencias no puede ser otro que una grave ruptura de la credibilidad del Gobierno y su presidente. Y en un sistema democrático eso tiene una clara consecuencia: la necesidad perentoria de un cambio de gobierno. Sin embargo, todo indica que Rajoy, en vez de tomar la iniciativa y adelantar las elecciones, va a elegir de nuevo la estrategia de resistir en sus posiciones a toda costa.

Así las cosas, el problema para el resto de las fuerzas políticas no gira en torno a QUE hay que hacer (todos coinciden en la necesidad del cambio de gobierno), sino acerca de COMO lograrlo, frente a la resistencia de Rajoy. Algo que refiere no sólo a las cuentas parlamentarias, sino a los contenidos políticas de dichas cuentas.

En efecto, la moción de censura presentada por el PSOE requiere de 176 votos en el Congreso y para obtenerlos necesita sumar a sus 84 diputados, los 67 de Podemos (que ya se han ofrecido) además de los 9 de ERC, los 8 del PDCAT, los 5 del PNV, los 4 de Compromis y los 2 de Bildu, todo lo cual supondría la cifra suficiente de 179 votos. Pero ahí mismo comienzan las complicaciones políticas.

Las fuerzas independentistas (17 votos entre ERC y PDCAT) han comenzado a exigir al PSOE concesiones sobre sus planteamientos secesionistas. Ello significa colocara los socialistas entre la espada y la pared: para fortalecer el Estado, mediante el cambio de un gobierno descalificado por la corrupción, necesitan aceptar el debilitamiento del Estado que significaría aceptar las propuestas independentistas. En el PSOE parecen estar seguros de que los partidos soberanistas no tendrán más remedio que sumarse a su moción de censura. Pero la coyuntura coge a estos partidos en medio de un órdago político que les exige ser muy rígidos en cuanto a sus planteamientos separatistas. Darían una muestra de cintura política considerable y no parece que este vaya a ser el caso.

Pero si incluso el PSOE lograra esos 17 votos soberanistas, tampoco está claro que el PNV otorgara sus 5 votos sin mayores requerimientos. Este partido vasco acaba de apoyar al PP en la aprobación de los presupuestos. ¿Apostar por la estabilidad económica, para, a renglón seguido, jugar a la inestabilidad política? Pero si el PNV retiras sus 5 votos, al PSOE sólo le queda un pacto con los dos representantes canarios. Y ya la representante de CC ha mostrado su rechazo a ese pacto.

En pocas palabras, el panorama de la moción de censura del PSOE tiene un horizonte muy poco claro. Para lograr suficientes apoyos, ese partido debería estar dispuesto a pisar unas cuantas líneas rojas.

Pero la alternativa que plantea Ciudadanos, muy plausible en teoría, tiene todavía menos posibilidades prácticas. Una censura instrumental para convocar elecciones también necesita juntar 176 votos como mínimo. Y en este momento, ningún partido de oposición parece dispuesto a ofrecerle los suyos. Su beligerancia electoral ha provocado pocas simpatías entre sus competidores.

¿Regresamos al casillero de partida? Desde luego que no. Incluso si Rajoy lograra superar la moción de censura, mantener un gobierno sin credibilidad suficiente no es precisamente lo que necesita el país. ¿Se imaginan ustedes la autoridad moral que tiene ahora el Gobierno del PP para llamar al orden al secesionismo catalán? Si es cierto que Rajoy obra siempre a favor de los intereses generales, como le gusta repetir, no le queda más remedio que acortar la legislatura y convocar a elecciones anticipadas.

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