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Exigencia histórica

Por Alejandro Vidal
jueves 31 de mayo de 2018, 19:39h
Ciñámonos a la historia. De la mano de Miquel Contestí en el palco y Antonio Oviedo Saldaña en el banquillo, el Mallorca renació de sus cenizas al ascender consecutivamente y en dos años de tercera división a Segunda B y a Segunda A. Fue en la temporada 1979-80, seguida de la 1980-81. Ya en la categoría de plata y para quienes consideran excesivo ahora el hecho de exigir al menos aspiraciones de subir a Primera, se dieron los siguientes pasos:
- Causaron baja la friolera de 14 jugadores, que fueron sustituidos por 16 nuevos fichajes.
- Tal era la ambición que en el mes de diciembre, exactamente el día de nochebuena, la directiva cesó al entrenador milagro, el mencionado Oviedo, después de haber empatado en Palma contra el Deportivo, un partido que no se ganó porque en el último minuto un delantero que no mencionaré remató fuera cuando estaba solo y con el portero coruñés batido.
- Fue sustituido por un colega considerado entonces de primerísimo nivel, Lucien Müller.
El equipo terminó la liga en sexta posición. Ascendió en junio del 83, doce meses después. Entonces no había límite salarial, cierto, ni siquiera se había constituido la Liga de Fútbol Profesional, pero tampoco había un duro. El club vivía y se mantenía con sus propios recursos, que no eran muchos. Ninguno de sus directivos era millonario, sino de clase acomodada o media alta en el mejor de los casos.
Bajar en estos momentos el listón de las obligaciones constituiría una enorme injusticia para quienes lograron que este club llegara a ser grande. Sarver, Molango y demás adláteres se lo han encontrado hecho, deconstruido por desalmados como Claassen, Cerdá, Terrasa y sus colaboradores, pero estructurado. Así que menos lobos y menos pucheros.
¡Felices vacaciones!
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