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Me voy a expresar libremente en tu madre

Por Eduardo de la Fuente
domingo 17 de junio de 2018, 04:00h

Según algunos faros intelectuales de la sociedad balear esta es la semana de la libertad de expresión. Así que no han faltado aquellos que se lo han tomado al pie de la letra y han salido en plena noche a pintarrajear la sede del sindicato STEi y la mansión de la Obra Cultural Balear. Y eso, sin excusas, no está bien. También le han metido pintura a la puta mierda esa de la «obra» de arte con la que los defensores de Valtonyc con el permiso y aplauso del Ayuntamiento de Palma han ensuciado la plaza España. Y tampoco me parece bien que se la hayan pintarrajeado. Les aseguro que no he sido yo, tengo cosas mejores y más importantes que hacer por la noche. Todo esto, por desgracia, entra dentro de lo previsible. Si los insultos de Valtonyc, las «acciones» de Arran y chusma similar, y el nazismo que regurgita Quim Torra por la boca son considerados libertad de expresión: ¿quién va decir que las pintadas de los que están hasta las pelotas de ellos no lo sean?

A todo esto, me he enterado que Quim Torra ha denunciado a Alfonso Guerra por llamarle nazi. Yo me salvo porque no soy nadie y Herr Torra —el ario cuatribarrado— no me lee.

Estamos acostumbrados a ver cómo se utiliza la vara de medir en función de los intereses de cada uno. Indepes, valtonyceros, podemitas, antituristas… Tienen la piel muy fina cuando les toca encajar a ellos. No tienen la culpa, pero, de que la abominable corrección política nos lleve a rebajar el listón de lo que consideramos censurable a extremos, cuando menos, discutibles. Veamos por ejemplo la dimisión-cese de Màxim Huerta. Si nos hemos cargado a la Cifu por dos botes de crema antiarrugas, a Huerta por defraudar a Hacienda —siguiendo la regla de tres— deberíamos haberlo desmembrado y dar de comer sus despojos a los cerdos. Y la verdad, no es para tanto, la ha cagado y se ha tenido que marchar, de una forma muy poco elegante, sea dicho. Su comparecencia ante los medios resultó pedante, soporífera, lastimera y vergonzante. No estuvo hábil ni acertado. Lo de cargar contra los periodistas… Siempre he dicho que la mía es una profesión de mierda, pero el que le quiso colar a Hacienda una casa en la playa fue él, no los que publicaron la información.

El buenismo político es asimétrico, se cisca en lo que no le gusta y suele alabar medidas populistas. El Ayuntamiento de Palma ha publicado una lista de 248 canciones que recomienda para las fiestas veraniegas. Son canciones de esas que «empoderan» a la mujer y que sirven para que verbenas y saraos dejen de ser sexistas. He aquí la penúltima gilipollada de Aligi Molina. Este es el tipo que monta una rueda de prensa de apoyo a Valtonyc y lo mete en la sala de prensa del Ayuntamiento y luego nos dice la música que debemos escuchar. Porque, claro, la única libertad de expresión es la suya. Y todo este circo lo pagamos con dinero público. Además, la lista es una porquería mal parida: el gran himno feminista de este país es Me gusta ser una zorra de Las Vulpess, y no la han incluido en su patética lista piji-progre.

También pagamos la llegada del barco Aquarius cargado de desgraciados a los que engañan, humillan y roban con la esperanza de una vida mejor. Y aquí me voy a mojar. Alabo la decisión de Pedro Sánchez de acoger a los inmigrantes. Ha tropezado en su afán de venderlo como un logro político porque se han dicho muchas tonterías como que todos iban a gozar del estatus de refugiados —extremo que tuvo que puntualizar Borrell— o que no pasarían por centros de internamiento —pues ya me dirán a dónde coño van a ir—. Dejando de lado el politiqueo y que se debe exigir una política común en materia de inmigración a la Unión Europea, está claro que deben revisarse los protocolos de las ONGs que actúan en el Mediterráneo. No dudo de sus buenas intenciones, si bien no es menos cierto que se han convertido en tontos útiles de las mafias de traficantes, en taxistas de carne humana. Y esta es una cuestión incómoda que no debe silenciarse.

Como verán, esta semana me he tomado las cosas con calma. A mí también me entran ganas de expresarme libremente en la puta madre que parió a unos cuantos. Me muerdo la lengua, el país está demasiado alterado, demasiado nervioso. Mejor respirar y callar la boca un rato. Al menos, hasta le semana que viene. Pero esa es otra historia…

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