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La sociedad del espectáculo y los políticos actuales

Por Iñaki Anasagasti
martes 04 de septiembre de 2018, 01:00h
Rivera y Casado echan leña al fuego con el asunto de los lazos amarillos porque saben que cualquier cosa que hagan al respecto contará con una televisión a su lado filmando la escena. Si los que están tan preocupados por la situación catalana y su posible rompimiento en dos dejaran sin filmar nada de esto, la guerra de los lazos acabaría en dos días, porque todo se hace para alimentar el espectáculo de la deseada ,por algunos confrontación, olvidando que esos lazos amarillos están ahí porque hay unos políticos presos por defender sus ideas sin violencia y encerrados en prisión preventiva porque así lo ha decidido un juez que aplica su ley sin buscar la menor comprensión a una situación no generada por esos “odiosos “independentistas como he escuchado definirlos.

Todo pues hay que quemarlo en el altar de la televisión y esta pelea de los lazos se presta a ello por la cantidad de voluntarios que hay para seguir haciendo de extras alimentando estas patéticas imágenes de políticos españoles quitando esos pedacitos de tela para mostrar al mundo su valentía y la búsqueda de crispación de los demás, no de ellos.

Le ha pasado también a Macron que ganó gracias a una habilísima campaña y ya empieza a notar el frío aliento de la realidad. Al Macron Superman ya le van conociendo y le van dimitiendo sus ministros. Estos días el ministro de la transición ecológica Nicolás Hulot que creyó en sus promesas le ha dicho “AU REVOIR” porque él, que es un tipo serio y que quiere seguir siéndolo, no aguanta más el ninguneo y la falta de seriedad. Un cúmulo de incumplimientos le ha abierto los ojos sobre la verdadera voluntad de Macron de cumplir con su programa. Me ha recordado a aquel ministro Pimentel que le dimitió a Aznar por fax. Este lo ha hecho en un programa de radio.

A todo esto se le suma ese breve careo del presidente francés con un chaval que le tuteó y le llamó Manu en un acto. ”A mí me llamas señor presidente de la República” le contestó y la imagen de cercanía que había cultivado quedó dinamitada. Ni la victoria de Francia en el Mundial han logrado superar esta imagen de lejanía y de traición a una agenda que defendió en campaña.

Y es que hay políticos y políticos. Yo los juzgo si son capaces de contestar una llamada, sonreír y aguantar a un peatón pelmazo y escuchar sus argumentos, contestar una carta y tener claro que un día dejará de estar en el pedestal. Conozco algunos de mi entorno que como Macron se creen San Dios sin darse cuenta que son solo pobres seres humanos como los demás y que como a los emperadores romanos y a los cartujos tendríamos que ponerle alguien a su lado que les dijera una vez al día: ”recuerda que vas a morir”. Mejor andarían las cosas.
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