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¿Habrá sociedad del bienestar?

Por Agustín Buades
domingo 14 de octubre de 2018, 02:00h

Analizando los datos publicados esta semana por el INE sobre la Proyección de la población se pude constatar que Baleares entrará en el llamado invierno demográfico.

Aunque la población aumente entre este año y el 2031, la población infantil disminuirá, y la mayor de 65 años aumentará. La población que podría trabajar disminuirá en más de 11.000 personas.

El invierno demográfico es la denominación, acuñada por los científicos sociales, para denominar al envejecimiento de la población.

Baleares vivirá el "tsunami" de las jubilaciones en 2040, coincidiendo con la retirada de la generación del 'baby boom', dado que la disminución de las pensiones junto con el aumento de la esperanza de vida harán que la sociedad balear cuente con un 8% de jubilados, más del doble que en 1950.

Muchísimos baleares están abocados a un futuro en el que serán ancianos sin hijos ni nietos (incluso sin sobrinos). La inmigración no es solución suficiente para paliar la tasa de fecundidad tan baja que se da en Baleares ni el problema de las pensiones.

Sin embargo, el problema no es el aumento del número de ancianos, ni siquiera la edad media en sí, sino el drástico adelgazamiento de la pirámide de población en la base. Pues esto supone una insuficiente renovación demográfica que va reduciendo el número de activos capaces de sostener y atender a los mayores.

Además con un crecimiento vegetativo negativo de la población con las consecuencias que esto conlleva. Por cada 8.8 nacimientos por cada 1000 habitantes hay 7,3 defunciones . . La tasa anual del crecimiento vegetativo es la diferencia entre los nacimientos y las defunciones de una determinada población natural (referida a mil habitantes) resulta de la resta: tasa de natalidad menos tasa de mortalidad

El número de hijos por mujer ha disminuido, ahora ya está solo en 1,22. Esta baja tasa de fecundidad, combinada con el menor número de mujeres en edad fértil, nos ha introducido ya en el invierno demográfico.

La tasa de fecundidad en Baleares bajó en 2017 una vez más: de 1,36 hijos por mujer en 2000 a los 1,22 en 2017 (datos del INE). Está muy lejos de la necesaria tasa de repoblación de 2,1 hijos por mujer. Las madres de baleares dan a luz , de media, a los 31,6 años). Muchas veces no llegará el segundo hijo. Se prepara una generación de niños únicos, que no saben lo que es tener un hermano, y con padres bastante mayores.

Hay un hecho adicional y es que la edad media de los matrimonios está situada en los 36,2 años para los hombres y en los 33 para las mujeres. La gente se casa muy tarde, pero no solo eso, pueden haber observado por la diferencia entre las cifras que la edad media del matrimonio está situada más allá que la del primer hijo. Esto no tiene otra explicación que el crecimiento de niños fuera del matrimonio. Es decir, en Balaeres no solo tenemos pocos hijos sino que además una parte de ellos ya nacen en familias monoparentales. Y esto multiplica los problemas, porque la abundancia de literatura científica en este campo señala de manera exhaustiva que estos niños van a tener y van a generar muchos más problemas y dispondrán de menores oportunidades que los nacidos en el seno de la pareja.

Llegará un momento en que no será posible mantener los actuales sistemas de reparto, y la capitalización se impondrá como necesidad. Otras consecuencias se resumen en que habrá más soledad y un tejido social más tenue.

Los buenos políticos son los que legislan pensando en el futuro y no se puede gobernar para hoy.

Todo proceso demográfico es lento pero inapelable porque tiene una gran inercia. Tal como se entiende la política ahora y de una manera especial en Baleares, devorada por el cortoplacismo, donde el mundo empieza y acaba cada cuatro años como mucho, abordar la cuestión demográfica parece un imposible. Pero si esta es la responsabilidad de los políticos, al menos las instituciones de la misma, los medios de comunicación, deberían tener la suficiente responsabilidad y visión como para alzar la voz, dar la alarma y exigir medidas para esta comunidad autónoma que ya ha empezado a hundirse en el invierno demográfico. Y de él no saldrá a menos que se hagan esfuerzos considerables, este es simplemente un problema vital. Lo repetiré vez más: este es sin ninguna duda el problema mayor y más decisivo que tiene Baleares y el que menos pasiones y razones despierta.

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