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Basura humana

martes 16 de octubre de 2018, 08:00h

Todavía sobrecogido por la tremenda tragedia ocurrida la semana pasada en el llevant mallorquí, con la terrible e irreparable pérdida de vidas humanas, así como la destrucción de edificios, enseres, vehículos, fincas e infraestructuras, recibí el sábado pasado a través de las redes sociales una copia de un escrito colgado en alguna de ellas, en la que un individuo, no merece el calificativo de persona, venía a decir que ojalá la riada hubiera arrastrado y ahogado a independentistas.

El comentario es no solo repugnante y una demostración de odio visceral y deshumanizado hacia los aludidos, sino también una ofensa abyecta hacia las víctimas y sus familiares. Cuando hay doce muertos y un desaparecido, desear que la riada se hubiera llevado a alguien, sea quien sea, es simplemente miserable.

Este comentario contrasta con el extraordinario ejemplo de solidaridad de la sociedad mallorquina, que se volcó en ayuda de las personas y poblaciones afectadas, tanto con voluntariado “in situ”, como con el ofrecimiento de alojamiento y con la aportación de todo tipo de bienes y servicios de primera necesidad. Tanta gente magnífica no se merece la existencia en su seno de gentuza infecta como el autor del escrito.

Claro que, por desgracia, sabemos que esa gentuza existe. Es un hecho inexorable que en todas las catástrofes naturales se producen actos de robo, pillaje y apropiación de la ayuda humanitaria y cosas peores como violaciones y secuestros con finalidad de tráfico de mujeres y menores. Siempre hay una parte de la población, aunque mínima, que desconoce el sentido de la decencia y la convivencia y se aprovecha, o pretende aprovecharse, de la desgracia ajena. Parece que aquí también se han producido, si bien a muy pequeña escala, episodios de intento de rapiña de una parte de los productos aportados por los ciudadanos para aliviar las necesidades más urgentes de los afectados.

Las redes sociales, con su posibilidad de anonimato, espolean el afloramiento de las peores pulsiones que subyacen en la psique de muchos miembros de la especie humana, y aunque hay límites que pocos se atreven a traspasar, la iniquidad y la depravación moral no son moneda infrecuente en los vericuetos de la red. Acabo de recibir copia de otro comentario quizás aun más abyecto que el anterior. Se trata de una foto de un parque infantil, donde en un balancín de muelles en forma de perrito, pintado de amarillo con las orejas negras, se ha escrito “hay que matar a todos los niños indepes”. Resulta casi imposible hallar palabras para describir la absoluta ignominia, la depravación, la abyección, la ruindad que implica esta frase. Todos los adjetivos utilizados no bastan para descender hasta la bajeza absoluta que implica.

Los que escriben este tipo de infamias se colocan a sí mismos en los límites de lo que es ser humano, casi más decantados hacia la condición de bestias feroces y solo merecen el calificativo de basura humana.

La fiscalía, la policía y algunos jueces y magistrados han sido muy diligentes en investigar, identificar, acusar y condenar a algunos ciudadanos independentistas y no independentistas, por hacer comentarios o canciones que se han considerado ofensivos para autoridades del estado o incluso delitos de odio. Creo es difícil pensar en una expresión de odio mayor que desear la muerte, sobre todo a niños. Veremos si fiscales, jueces y policías ponen el mismo empeño en identificar, detener, acusar y, en su caso, condenar por delitos de odio a los autores de estas canalladas.

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