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Habrá más cambios horarios

martes 30 de octubre de 2018, 02:00h

Se suponía que el cambio de horario de este fin de semana, del horario llamado de verano al de invierno, sería el último o penúltimo, según la voluntad expresada por la Comisión Europea, que dejaba a elección de los países en cual de los dos quedarse. Pero la Comisión, una vez más, ha actuado de manera imprudente, precipitada y sin calibrar adecuadamente su posición en el entramado institucional de la Unión Europea.

La Comisión no ha trabajado suficientemente la aceptación de la medida, ni la ha consensuado con todos los sectores implicados en la toma de decisiones, ni con todos aquellos que tienen capacidad de influencia sobre la misma. Con el solo aval de una encuesta que contestaron algo más de tres millones de ciudadanos europeos, alrededor del 1’5 % de la población de la Unión, de los que, además, dos millones eran alemanes y la opinión de algunos expertos sociólogos, neuroinmunólogos y especialistas en sueño y biorritmos, se ha lanzado a hacer una propuesta para suprimir definitivamente los cambios horarios el año que viene.

No han tenido en cuenta, al menos no lo parece, la opinión de los gobiernos de los países miembros que son en definitiva los que sancionarán o no la medida, no han considerado que dejando a cada país la decisión de quedarse en uno u otro horario, podría producirse un caos en el mapa horario europeo, ya que a los distintos países, incluso en el mismo huso, les pueden convenir distintos horarios, en función de la latitud en la que se encuentren, así como de su tipo climático

Tampoco parece que hayan valorado y consensuado el exacto alcance del beneficio económico, que no es solo el de ahorro energético, que tiene el cambio de horario semianual. El gobierno de Portugal ya se ha mostrado abiertamente partidario de mantenerlo, por razones de ahorro energético, que en Portugal es mayor que en el norte de Europa, por razones estrictamente climáticas, así como de impacto económico de la actividad turística. Y no sería improbable que otros países mediterráneos, como Grecia, Chipre, Malta y quizás las propias Italia y España se manifiesten en el mismo sentido.

Tampoco parece haber tenido en cuenta la Comisión los intereses de sectores económicos estratégicos, como el transporte aéreo. Las asociaciones de aerolíneas ya han hecho oír su voz, contraria a la supresión del cambio horario, al menos en un plazo tan corto de tiempo. Exigen negociar y consensuar y un periodo prudencial de adaptación. Y otros sectores, como el turismo y el transporte, están manifestándose en el mismo sentido.

Ya se está empezando a hablar de demorar la decisión hasta el 2021, por lo menos, a fin de disponer del tiempo necesario para estudiar el tema, negociar y llegar al mejor consenso posible, que deberá considerar los distintos intereses, entre los que deben tener prioridad el bienestar y la salud de los ciudadanos, la mejor homogeneidad posible de los husos horarios del continente y la preservación de actividades económicas clave de los países miembros. Incluso no es imposible que por razones climáticas, económicas y sociales, algunos países decidan mantener el cambio horario y otros no

El presidente de la Comisión, el inefable Jean-Claude Juncker y sus adláteres, con su precipitación, han vuelto a dar sobrada muestra de su incompetencia, su futilidad, su vacuidad y su irrelevancia.

Habrá más cambios horarios.

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