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Sin gobierno

sábado 01 de diciembre de 2018, 09:36h

En los países democráticos, las legítimas aspiraciones de un pueblo a cambiar su estatus y su relación con el resto de las comunidades se canalizan dentro de la legalidad y discurren por las sendas que marca la legislación. Sin embargo, desde hace tiempo, estamos viendo como la Cataluña independista quiere imponer, desde el poder, un cambio de régimen a la Cataluña constitucionalista y sin consultar al resto de españoles.

Pero este no es el tema en cuestión de la columna. Lo deplorable es como unos representantes del pueblo son capaces de olvidarse de sus competencias y obligaciones, dejar en un aparatoso segundo término sus funciones y renunciar a tomar decisiones destinadas a mejorar la vida de las personas sin que se les caiga la cara de vergüenza.

De lo contrario no se explica la semana vivida en la Ciudad Condal. El profesorado, los estudiantes, los bomberos, los médicos, … en la calle reivindicando recursos y mejoras en sus condiciones de trabajo para cambiar el rumbo de administración, de unos servicios en descomposición que les alejan del resto del país.

Cataluña, con excelentes centros sanitarios, reconocidos en todo el mundo y con inmejorables profesionales lidera el deterioro de la calidad de la asistencia sanitaria a nivel nacional. Las listas de espera están totalmente descontroladas, las condiciones de trabajo y económicas de sus trabajadores sanitarios entre las peores de España y el alargado retraso al pago a proveedores empobrece su sistema sanitario.

Por encima de puntuales acuerdos de salón, la solución se antoja lejana. En lugar de reconocer los hechos los afrontan con soflamas populistas e independentistas, sin otros aderezos, que solo pueden llevar a agravar la penosa situación. El permanente estado de reivindicación no puede conllevar a la dejadez de funciones, a la falta absoluta de acciones de gobierno en el ámbito de sus competencias actuales.

La lista de comunidades con medios y recursos que han empobrecido a sus ciudadanos hasta la ignominia empieza a ser larga. Cataluña, sea cual sea el discurso oficial y por tanto prevalente, se ha instalado en esta senda del empobrecimiento generalizado.

Cataluña y los catalanes tienen muchas cosas envidiables, de las que todos podemos aprender. No precisamente su posición de falta de respeto desde el Govern con los propios catalanes que no piensan como ellos.

Sin embargo, una parte de nuestro Govern y en especial de sus apoyos radicales han quedado cautivados por su deriva destructiva y la siguen presentando como su referente. Cosas veredes, amigo Sancho, que non crederes.

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