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Cuatro indios

Por José A. García Bustos
sábado 01 de diciembre de 2018, 09:37h

El otrora flamante consejo de ministros no para de tambalearse. Algunos han dimitido y otros aguantan entre alfileres por actos que el Pedro Sánchez opositor no hubiera admitido pero por los que el Pedro Sánchez presidente acepta tragarse el sapo.

El último en la diana es Borrell que ha sido multado por una infracción por parte de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CMNV) al considerar que empleó información privilegiada en su calidad de consejero de Abengoa. Si la CNMV tiene como funciones velar por la transparencia de los mercados y por la protección de los inversores, se puede afirmar que la actuación del ministro Borrell, calificada como infracción muy grave, va en contra precisamente de eso mismo, de la transparencia y de los pequeños inversores. Otra vez la transparencia se ve en entredicho siendo un pilar sobre el que este gobierno ha hecho bandera desde sus primeros pasos en el poder.

En este caso, como casi siempre, el momento delata la intencionalidad. Vender acciones de una empresa en delicada situación financiera un par de días antes de presentar concurso de acreedores y desplomarse los precios, no puede ser coincidencia. Sobre todo si estás en el órgano que tiene información de primera mano. Borrell no vendió sus acciones porque, de haberlo hecho, no existiría atisbo de duda alguno. Vendió las de su exmujer dando entrada a una duda razonable, aunque débil, a mi entender. En cualquier caso, lo haya hecho o no, la multa está ahí. Ahora se trata de ver si con esa falta de transparencia manifiesta, según la CNMV, y calificada como muy grave, el ministro seguirá o abandonará.

Borrell es un tipo muy capaz e inteligente pero ha vuelto a liarla en pocos días. Si como consejero de Abengoa presuntamente se pasó de listo, como Ministro de Asuntos Exteriores se ha quedado corto, muy corto, vertiendo argumentaciones frívolas y gratuitas alejadas de una realidad histórica que parece desconocer. El argumento que estaba esgrimiendo sobre el sentimiento de identidad en Estados Unidos, previo a la metida de pata, era bueno. Hasta que soltó aquello de que Estados Unidos consiguió de manera fácil la independencia, matando solo a cuatro indios.

El lenguaje es la expresión del interior del personaje. Si aquello de “serrín y estiércol” transmitía ira hacia Rufián, lo de “cuatro indios”, desprecio hacia los aborígenes americanos.

En muchas ocasiones, el cuatro se emplea en un sentido peyorativo, es decir, transmite un aspecto negativo de la idea que se expresa. Decir que a una fiesta o manifestación han ido cuatro amigos, implica minusvalorar el acto. No digamos si se afirma que había cuatro ratas o cuatro gatos. Constatar que alguien tiene cuatro pelos implica calvicie casi absoluta. O que es un imberbe si se refiere a los pelos de la barba. Dar cuatro pinceladas sobre un tema es una reducción simplista del todo. Decirle a alguien “cuatro ojos” es ridiculizarlo por llevar gafas. Decir que han caído cuatro gotas implica una lluvia descafeinada. A los ladrones se les llama cuatreros. Y cada cuatro años viene un año diferente a los demás.

Pero no siempre el cuatro es malo. Los elementos clásicos son cuatro (agua, tierra, mar y aire), los Beatles fueron cuatro y el cuatro es un instrumento musical parecido a la guitarra que se puede tocar en un armonioso cuarteto de cuerdas.

Borrell no solo frivolizó con el genocidio de millones de aborígenes masacrados sino que también olvidó la guerra de la independencia americana entre colonos y británicos que duró más de cuatro años. Concretamente ocho años y 236 batallas, causando innumerables bajas y dolor.

No estamos hablando del ministro de Interior o el de Medio de Ambiente cuyos auditorios los conforman gente de dentro. Borrell lleva la cartera que fomenta las buenas relaciones con otros países, culturas y razas del planeta. Y, traicionado por su lenguaje, ha demostrado que los indígenas americanos están en un escalón inferior.

Entre Abengoa, el escupitajo y los indios, Borrell no ha tenido una buena semana y el cuatro le ha traicionado. Aun así, debería quedarse cuatro días meditando entre cuatro paredes, tomando un "Cuatro rosas" y andarse con cuatro ojos porque puede ser el cuarto ministro en abandonar el consejo de ministros. Con el permiso de la ministra Dolores Delgado, también en la cuerda floja por cuatro grabaciones con Villarejos.

Para cuatro días que le quedan, Borrell debería pedir disculpas sin paliativos a los descendientes de los muchos más de cuatro millones de indios que mataron en el genocidio americano. No bastan cuatro palabras para pedir perdón por semejante ofensa.

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