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Inmigración ilegal y racismo

Por Francesca Jaume
lunes 10 de diciembre de 2018, 08:39h

No se puede negar que los resultados de VOX en las elecciones de Andalucía han sacudido las esferas políticas a todos los niveles y han hecho correr ríos de tinta sobre sus posibles efectos en las próximas elecciones locales y autonómicas de mayo.

El programa electoral de VOX, ante el cual es difícil mantenerse indiferente, ha sido calificado de racista, xenófobo, nazi, ultraderecha, machista, retrógrado y no sé cuántas cosas más. Para mi, lo más preocupante no es lo que dice, sino lo que se desprende de lo que no dice. Sin embargo, hay que ser justos y en cuestión de inmigración, observo mucha hipocresía en los que no comulgan (-amos) con el partido de Abascal.

Las leyes actuales en materia de extranjería marcan la expulsión para todo aquel que esté en situación ilegal en territorio español, por lo tanto, cuando pide la expulsión de inmigrantes de situación irregular, VOX no está instando a nada que no esté ya establecido a día de hoy. Hay que tenerlo claro. La cuestión aquí está en dos puntos: el primero es que se demonice a aquellas personas que huyen de una situación extrema tal que encuentran más paz en la inmensidad e inclemencia del Mediterráneo que en su tierra, y el segundo trata de las ayudas económicas y asistenciales que reciben los inmigrantes de situación precaria.

Me preocupa y mucho que se extienda un pensamiento tendente al supremacismo y a la falta de humanidad hacia unas personas que de nacimiento no han tenido la misma suerte que nosotros y que son víctimas de un sistema que no han elegido. Todos somos personas, con nuestra necesidad de supervivencia. Nunca, nunca, hay que perder este referente, y a quien lo olvide habrá que enseñarle una foto de la Tierra desde el espacio para que vea un planeta en el que no hay más fronteras que el mar y las montañas.

En cuanto al tema de las ayudas sociales, existe mucha fake new y muchos memes que confunden al personal, aunque también es verdad que los hay -extranjeros y españoles- que están instalados en el modus vivendi de la picaresca, y eso carga aún más nuestro sufrido y maltrecho erario público. No considero que sea racismo solicitar un mayor control sobre esta cuestión, lo que sí es racismo es pedir que esta mayor supervisión sea sólo hacia los inmigrantes y no para los españoles.

El cuestionamiento inquietante que nos hacemos, evidentemente, es si somos racistas por defender que, como Estado, es necesaria una política de control de las fronteras. Corazón y cabeza se sitúan en posición opuesta. Es difícil de sostener -para quien tiene un mínimo de humanidad- que hay que darle la espalda a todos los que requieren de nuestra ayuda y sin embargo, sabemos que no podemos abrir las puertas de par en par sin que el Estado -dicho en sentido amplio- sucumba.

Decir que los recursos (naturales y económicos) son limitados se califica de manera diferente según quien lo diga: si lo dicen unos es “guai” si lo dicen otros es “racismo”.

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