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Volver a casa por Navidad

jueves 27 de diciembre de 2018, 03:00h

Otro año más nos hemos visto metidos en las Navidades y como si fuera ayer, aunque ha pasado un año, nos encontramos comprando regalos, seleccionando lo que comeremos y cenaremos en jornadas tediosas familiares, donde lo damos todo como si en lugar de acabarse el año se acabara la vida y no hubiera un mañana.

Felicitaciones recibidas de personas que no hemos visto en todo el año, regalos a familiares con los que discutimos continuamente y comidas de empresas, con personas a las que no podemos ni ver.

Por no hablar que, en un porcentaje grandísimo de las empresas, la paga de Navidad se esfumó junto con la cesta de Navidad y aquel famoso jamón que tanta ilusión nos hacía.

Indudablemente algunos vivimos tiempos mejores y es cierto que metíamos muchas horas en las empresas que muchas veces no eran pagadas, pero no teníamos miedo de ver cerradas nuestras organizaciones, de ERES ni de nada de nada.

Las relaciones eran largas y las familias grandes, discutíamos y nuestros padres se peleaban, pero el apego era mayor y la vida más fácil en términos generales.

Me encanta recordar que hubo otros tiempos, en los que las familias numerosas se juntaban en pisos pequeños y que todos, de alguna manera, cabíamos en camas plegables y que no era una opción irse de vacaciones por Navidad a NY, porque la familia te esperaba y que nadie se planteaba pasar las Fiestas solos porque si teníamos vecinos o amigos que lo estaban, lo llevábamos a nuestras casas.

Eran otros tiempos y como siempre digo, también esos tiempos tenían cosas malas, pero ¿tan malas?.

Los más jóvenes, que posiblemente no estén leyendo este artículo de opinión por ser demasiado jóvenes, pensarán que eso no era vida, o que “vaya rollo”, pero en la gente de nuestra generación, nos produce añoranza y una pena enorme en el alma, pensar que esos tiempos ya no volverán.

Tiempos en los que pensábamos que un partido político podría ayudarnos a sacar el país hacia adelante, que la vida sería de otra forma y nunca nos faltaba ilusión por volver a empezar.

También recuerdo a mi padre triste y llorar cuando las cosas no salían bien y discutir con sus hermanos en aquellas cocinas enormes que había en mi familia, pero sobretodo recuerdo el calor humano y la ilusión de vernos todos juntos.

Ahora las Fiestas son más materialistas y menos hogareñas, eso si, llenos de ropas lujosas y de regalos, aunque falta ese “calor humano” en muchos hogares.

Me gustaría pensar que todavía muchas personas siguen regresando a casa, como en el anuncio del Turrón y que los afectos siguen existiendo en los hogares y entre nosotros y que solamente la añoranza viene dada por el refrán “cualquier otro tiempo fue mejor” y sobretodo quiero pensar que todavía existe esperanza para ser mejores entre nosotros y para sentirnos felices.

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