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Meteos vuestro pregón por la retaguardia

Por Eduardo de la Fuente
domingo 30 de diciembre de 2018, 04:00h

Cerramos el año, o mejor dicho, se acaba inexorable como cada 365 días. Uno más de regalo o de padecimiento, según lo vivan, en el caso de los bisiestos. Cada año me propongo lo mismo —y no, no es ponerme a dieta, eso lo dejo para los ilusos— sin conseguirlo. Me gustaría no hablar de la movida indepe que azota Palma para en su lugar charlar de las uvas, del confeti, de los brindis con cava… Pero la fosa séptica cada vez es más negra, más maloliente, más sectaria. Y no me sale ni de los cojones, ni de los higadillos el quedarme callado. Ahí va mi particular pregón.

La ofensiva indepe promovida por los políticos que juguetean con nuestro dinero arrecia estos días. El responsable de Cultura de Palma, Llorenç Carrió, al que el traje le viene grande como el esmoquin de un orondo millonario a un niño biafreño, y el alcalde, Toni Noguera, han conseguido con el pregón de la Festa de l’Estendard elevar el Ayuntamiento a la categoría de vertedero tercermundista, logro a la par de la limpieza de las calles de mi ciudad. La feliz idea de invitar al escritor Biel Mesquida para soltar su arenga en la sala de plenos de Cort ha sido magnífica.

Mesquida ha conseguido pergeñar un pregón aburrido —¡once páginas!—, tan relamido como pretencioso y malintencionado. Escritorazo de renombre, de larga trayectoria trufada de premios y reconocimientos, ha tenido a bien largarnos un muermo en el que pide la libertad de los «presos políticos», ha loado a «nuestro querido» Valtonyc, y se ha ciscado en España por aquello de la pérdida de las libertades y esas cosas que suelen repetir como un teletipo encasquillado los totalitarios supremacistas. Debo reconocerle el mérito a Mesquida por conseguir la proeza literaria de que incluso la mierda resulte pedante. Yo no soy más que un escritorzuelo que mora en la periferia editorial. Jamás he ganado un premio, no ha venido un conseller a la presentación de mis libros, ni he pedido ni me han dado nunca una subvención… Sí, eso es lo que soy, pero no le compro tan brillante deposición. Cada uno tiene su mierda y a mí no me apetece comerme la de otro.

El escarnio que ha supuesto el pregón de Mesquida no es culpa del escritor. Él es libre de pensar y decir lo que quiera. Y Noguera lo ha invitado para eso, para que se cisque en España. No voy a decirle al literato lo que debe hacer, no acostumbro a hacerlo con nadie. Si bien, estoy cansado de pregoneros empeñados en hacer política. Me aburre. Se espera de un pregonero que hable de la villa, que le estire de las orejas a los políticos, que sea irónico, entrañable, que sepa estar. Y he ahí la cuestión. Si a uno le place sacarse un moco de la nariz y comérselo con delectación en privado, nada que objetar. Si lo hace en un restaurante es un puto cerdo. A eso se le llama saber estar, a saber hacer lo apropiado en cada lugar y momento. Adoro la provocación. Lo que detesto es el neoprovincianismo. Y eso es lo que he visto en el pregón de la Festa de l’Estendard. El paleolítico se hace progre.

El empeño de los gobernantes de Palma por hacernos comulgar con su masturbación que eyacula lazos amarillos es vergonzoso, indigno de todo aquel, que con una mínima honradez, se considere servidor de los ciudadanos. La próxima vez que quieran pajearse, que al menos lo hagan en su casa y con su dinero. No me apetece contemplar cómo se sacan brillo a la entrepierna los unos a los otros. Más que incorrecto o poco apropiado, es desagradable.

Por allí ha pasado nuestra presidenta, Francina Armengol, que estaba encantada de fotografiarse con su «estimado amigo» Mesquida. Me parece fenomenal, yo también tengo amigos con los que muchos de ustedes no irían a tomar un café. Armengol es la cooperante necesaria del desvarío indepe de Més y de los atolondrados de Podemos. Armengol y su PSIB-PSOE llevan años chapoteando en la orilla del Rubicón. Y ahora, nuestra querida Francina, tan querida como Valtonyc, ha decidido cruzar las procelosas aguas del río. En lugar de hacerlo donde corren prístinas y rápidas ha elegido un recodo manso, allí donde las aguas se estancan en una hedionda poza. Francina se ha dado el chapuzón en la charca, ha llegado a la otra orilla y se ha revolcado en el lodazal. Y de paso ha arrastrado a su partido a la inmundicia. La parda estercobilina impregna su piel y se le mete por los agujeros de la nariz. Apenas puede respirar, mas no le importa porque sigue en su trono del Consolat. Ha olvidado —si es que alguna vez lo supo o entendió— la obligación de gobernar para todos. ¡Bravo, Francina, ya estás al otro lado!

También asistió a la función Miquel Ensenyat, presidente del Consell de Mallorca. El hombre anda despistado. Tan gloriosas son las letras catalanas que esta misma semana ha quedado desierto el premio de Narrativa del Consell. Tanta subvención, tanto dinero desperdiciado para nada. A tenor de las putas mierdas que suelen cosechar este tipo de premios, la calidad de lo que se ha presentado este año debe ser astronómica. Menos mal que siempre nos quedarán figuras como Biel Mesquida para animar el cotarro y justificar la bacanal, el despiporre eterno de la subvención de subproductos que nadie lee, no porque sean en catalán, no, sino porque suelen ser truños que contienen tal cantidad de somnífero que tumbarían a un mamut en dos líneas. 35.000 euros de premio quedan huérfanos. ¡Qué gran pérdida para la OCB!

Enhorabuena, Pacto de Retroceso, estamos un poquitín más cerca de ser anexionados por la Grosse Catalonia. Seguid así. Podéis utilizar las once páginas de vuestro pregón como papel higiénico, os lo podéis encasquetar por la retaguardia, haced con él lo que os plazca. Pero no lo tiréis al retrete, no vaya a ser que en un nuevo vertido llegue a la bahía de Palma y acabe con los campos de posidonia.

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