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La segunda línea en política

sábado 12 de enero de 2019, 02:00h

A escasos cuatro meses de elecciones autonómicas, municipales, europeas y puede que generales, los partidos están tomando posiciones para conformar su equipo de confianza y ejecutar así las promesas electorales recogidas en sus respectivos programas. Los programas electorales son acciones que deberían implantarse tras la toma de posesión del cargo y antes de acabar el mandato, aunque no siempre es así.

Todo plan o programa requiere de acciones a implantar con asignación de tiempo, presupuesto y responsable. Ahí entran los gestores en segunda línea que son los que, en la sombra, dan o quitan mérito a los políticos de primera línea que son los que recogen las alabanzas pero también las críticas si el resultado no es del agrado de la ciudadanía. Mediante nombramientos de confianza, los Gerentes, Coordinadores, Directores Generales y Asesores ponen los forjados para que técnicos, funcionarios y personal público desempeñen su importantísima tarea.

En política el horizonte temporal en el que se ejecutan los proyectos es conocido: dos años. Sí, dos. Digo dos por la gran cantidad de tiempos ineficientes o de preparación que existe en la legislatura. Entre que se acaban de decidir nombres, se conforma un equipo de gestión, se toma posesión del cargo, se aterriza, se conoce el equipo y sus relaciones históricas, se paran lo proyectos de los anteriores gestores (sorprendente pero sí, suele ser así con el único argumento de que lo han hecho "los otros") y se baja la guardia en la recta final de legislatura, quedan dos años netos de toma de decisiones para arrancar nuevos proyectos. Los meses finales impera aquello de que “este tema que lo decida el que venga”. Eso, si el que viene se encuentra con algo de presupuesto disponible.

Por no hablar de los, a veces larguísimos, peridos de publicación de las licitaciones en boletines oficiales, periodos de exposición pública, resolución de alegaciones, impugnaciones, etc.

Pero hablemos de los cargos de confianza de la segunda línea. Me consta que ya se están haciendo importantes movimientos para captar talento en la segunda línea. La aparición de nuevos partidos en escena, tras el franccionamiento de la izquierada y la derecha, hace que la búsqueda de candidatos con experiencia sea más intensa. Los hay que, con buen criterio, buscan la experiencia en la calle y en la empresa, sin exigir afiliación política. Buscan los mejores profesionales, conocedores de los problemas reales de ciudadanos y empresarios.

Pero la conformación del equipo no es fácil. No ayuda la particular idiosincrasia que impera en muchos de los políticos actuales.

Mientras los políticos de primera línea no tengan claro que los técnicos que saben del tema y que, en muchas ocasiones ya están dentro de la estructura pública, no deben mostrar su afiliación política sino su profesionalidad y mientras tengan peajes que pagar para conforma su equipo, no se estará eligiendo a los mejores.

Otro tema que no ayuda es la erosión continuada en los alicientes para que un gestor lo deje todo y se meta en un proyecto efímero como es el político. Las férreas incompatibilidades de todo cargo público obligan a dejar de lado los proyectos personales y empresariales que cada uno esté llevando a cabo.

Y, ¿para qué? Para que, pasados cuatro años y, por muy bien que se ejecute la gestión, si hay cambio de color político haya que abandonarlo todo y haya que recuperar la carrera privada, probablemente, a esas alturas, ya irrecuperable.

Por no hablar de la responsabilidad que conlleva cada firma. Aunque venga respaldada por técnicos expertos. O por no hablar del escrutinio de la vida privada a la que se somete todo miembro del gobierno. Todo ello, en una espiral de bajada continuada de salarios que buscan un titular de prensa pero restan atractivo al cargo.

Algunos nuevos candidatos ya han dicho que no quieren cobrar un sueldo. Me parece un error. Se debería emplear el salario como medida de reclamo de los mejores. ¿Por qué está bien visto que los políticos se bajen el sueldo si asumen tanta responsabilidad? El que pone el grito en el cielo desde casa ante una subida de sueldo de un político será quien opte antes a una posición en el sector privado que ofrezca un mayor salario que a una que pague poco. Pero claro, el que no demuestre su valía no solo no debería recibir una alta remuneración sino que no debería ocupar su puesto. Sería conveniente establecer un sistema de remuneración variable en función de la consecución de objetivos. También para los políticos de primera y segunda línea.

Mucho deben esmerarse los políticos en la configuración de su equipo para la próxima legislatura porque no lo tienen fácil. Cada vez hay menos alicientes. A este paso solo podrán contar con funcionarios que se acojan a una comisión de servicio y al finalizar encuentre que su plaza les espera.

Y ya se sabe, para hacer política (de la buena, quiero decir, de la eficiente) hay que conocer la calle, la empresa, las asociaciones, los esfuerzos que conlleva montar un negocio, el pellizco que se lleva la seguridad social por contratar un empleado, la tecnología más puntera del mercado, etc. Una cosa es que te lo cuenten y otra, haber vivido esa experiencia. Y eso no se encuentra normalemente entre los funcionarios.

Con los condicionantes actuales, pocos verán tentados de dejar el ámbito privado o su proyecto personal para irse al público y todos nos resentiremos de no tener a los mejores en la gestión pública.

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