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Barcelona nos roba

Por Eduardo de la Fuente
domingo 20 de enero de 2019, 04:00h

Si son ustedes seguidores de esta humilde columna de opinión —sí, las opiniones son humildes y ordinarias porque como los culos, todo el mundo tiene uno— habrán reparado en que me he tomado una licencia posnavideña de dos semanas. Este año no me he pasado con la gastronomía. Tal vez ello se deba a que he sido previsor ante el atracón de carnaza política que me esperaba —y a ustedes también— con el nuevo año. Damas y caballeros, el tema de hoy es de esos de despertarse de madrugada con ardor en la boca del estómago, de tener caguetas matutinas, de suplicar en hebreo y arameo por un protector gástrico… Queridos lectores: ración doble de fritanga con salsas varias y grasa como para embozar el Gorg Blau. ¿Lo adivinan? Sí, se joden de nosotros en nuestra puta cara.

Comenzó la semana con la noticia del hachazo que nos ha metido el presidente Pedro Sánchez. Se ve que el hombre tiene que ahorrar para el queroseno del avión y no ha tenido mejor ocurrencia que, en su hipotético reparto —porque aún tiene que aprobarlo— de pasta a las comunidades autónomas, darnos mucho por el saco y poco por el bolsillo. Habrán leído que en los Presupuestos del Estado nos rebaja la aportación para inversiones regionales el 11,5 por ciento. Uno podría pensar que la cosa está mal, que hay que apretarse el cinturón, que lo hace por el bien de España… ¿Por el bien de España, he dicho? Estoy desvariando. Sánchez intenta comprar unos minutos más en la Moncloa disparando el 44 por ciento la inversión en Cataluña. Puchimón, Herr Torra y los suyos —los catalanes no verán un puto duro— se van a levantar 2.051 millones de euros por la patilla mientras a los ciudadanos de Baleares nos dejan las migajas indepes, unos roñosos 152 millones, el 1,2 de toda la inversión estatal. La Generalitat se levanta 13,5 veces la inversión de Baleares.

Lo dicho, se ríen de nosotros. Pero la cosa va a más y resulta una verdadera humillación no solo a los baleares, sino a todos los españoles, cuando el ministro Ábalos sale ufano y suelta sonriente y malicioso que «todos los catalanes tienen que estar contentos con estos presupuestos». Continuando con el escarnio, nuestra delegada del Gobierno, Rosario Sánchez, se atreve con que «son los mejores presupuestos para Baleares en ocho años». Uno ya duda de si lo suyo es cinismo, hijoputería, mentira compulsiva o chascarrillo. Ni al primero se le caen los huevos al suelo ni a la segunda le petan los ovarios. Otra cosa no, pero la jeta de hormigón no se les puede negar.

Lo triste de toda esta mierda es que Sánchez intenta comprar con dinero lo que no se puede comprar. ¿De verdad cree que callará a los indepes con dinero, de verdad cree que no seguirán piando histéricos con la boca abierta como polluelos famélicos? La política española ha degenerado más que Frank Sinatra encerrado en una licorería. Sánchez le ha dado la cartera a un nazi como Torra que actúa al dictado de un prófugo de la Justicia que se ha montado la “Casa de la República” en Waterloo y que le rie las gracias al mongolo de Valtonyc. Chupar pollas por dinero es un trabajo sucio, ingrato, pero por lo visto alguien tiene que hacerlo… Aunque bueno, peor es chupar pollas y encima pagar, que ya hemos visto que también alguien tiene que hacerlo.

Nuestra Francina Armengol no ha dicho ni media palabra. Primero nos tanga a todos con ese REB que debía haber llegado el pasado uno de enero. Ahora calla ante la broma negra de los presupuestos. Espero que nuestra presidenta, la de sonrisa perenne que hace pucheritos cuando dice aquello de «Madrid nos roba», se manifieste al respecto. Estaría bien saber qué piensa, aunque tengamos que recurrir a un médium para hablar con su espectro. Francina, ya puedes ir cambiando de tercio. Lee, aprende y repite conmigo: «Barcelona nos roba». Lo dices y pones morritos de estar muy enfadada.

Pero este no ha sido el único choteo que los que bailaban la conga cuando echaron a José Ramón Bauzá se han marcado. La estrella de la semana ha sido el mandril que han contratado en Cort para traducir el programa de fiestas de Sant Sebastià. Nada tengo contra los mandriles, en absoluto, pero no atino a entender qué otro ser puede haber perpetrado un texto de 18 páginas con faltas de ortografía, errores gramaticales y tipográficos que llevarían al cateado seguro a un alumno de secundaria. Doy fe de una prueba empírica: traduje el texto del catalán al castellano en el Google Translator y me salió mejor. Así pues, deduzco que por lingüista han contratado a un mandril. A ver, a cualquiera se le puede pasar una tilde, un error de concordancia…. Pero lo del dichoso programa ha sido de ciscarse en la RAE y cagarse en las muelas de Cervantes. Nuestro mandril ilustrado debe tener el nivel C de catalán, pero de castellano lo que tiene es el nivel T, T de terrorismo.

La yihad lingüística del Ayuntamiento de Palma se ha salido de la escala de Richter. Ha tenido que salir la regidora Eva Frade a pedir disculpas. Hija mía, pues no contrates simios. El equipo de Comunicación del Ayuntamiento de Palma se ha lucido, trabajo fino el suyo. ¡Cuánta dedicación a la causa! Esto me recuerda —creo que ya se lo conté en su momento— que hace unos meses me llamó por teléfono uno de los gerifaltes del equipo de Prensa y Comunicación de Cort para abroncarme por una noticia que había firmado y que no fue de su agrado. Me tuvo casi cuarenta minutos al aparato para aleccionarme sobre el «periodismo ético» y para explicarme cómo un servidor debía de trabajar. Llegó a decirme que si él fuera profesor de Periodismo y yo su alumno me suspendería. Tal vez no merezca un Pulitzer, llevo años en esto y a veces me equivoco, lo reconozco. Pero que me den clases a estas alturas… En esto de juntar letras somos cuatro, nos conocemos todos y todos sabemos qué éxitos y qué miserias lleva cada uno en la mochila. He estado tentado de devolverle la llamada para darle de forma totalmente desinteresada algunas lecciones sobre corrección ortotipográfica… No, no me voy a recrear en la metedura de pata ajena. Que se tomen dos guïscazos, o un Valium, o que se pongan palotes con la patada que le han dado al castellano. En el fondo, no me cabe duda de que estarán orgullosos. Que lo gocen, que sigan cobrando gracias a nuestro trabajo y disfruten del suyo mientras puedan.

Y así como se han reído de nosotros esta semana, yo también me he reído de unos cuantos, no lo puedo evitar. Sé que está mal, soy miserablemente humano. Se lo contaría, pero esa es otra historia… Y, además, estaría feo.

Por cierto, que no consigo acabar el artículo…Un año más le pueden dar mucho y bien a los Premis Ciutat de Palma.

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