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Réquiem por la educación

viernes 01 de febrero de 2019, 02:00h

Estos días me ha venido a la memoria un artículo publicado en el Diario el Sol de Madrid en el año 1931 escrito por un periodista francés recién aterrizado en la capital de España donde recoge el ambiente las calles aledañas a la Gran Vía y Puerta del Sol. Mientras él se pensaba que Madrid era una fiesta, en la capital se estaban librando los albores de la primera República.

¡Pero qué atrevida es la ignorancia! - podríamos pensar después de leer ese artículo y enmarcarlo en su contexto-. Por tanto, queda demostrado que la ignoracia es un atrevimiento y no es buena compañera de viaje y nos puede dejar en evidencia en alguna que otra ocasión.

Precisamente esto es lo que le puede llegar a ocurrir al gobierno del Dr. Sánchez si consiguen finalmente con los votos de sus socios separatistas y antiespañolistas sacar adelante la reforma educativa.

Todo apunta que si consiguieron el apoyo para la investidura, también lo conseguirán para derogar una norma diseñada y aprobada por el Partido Popular. Políticamente no van a desaprovechar la oportunidad de cargarse de un plumazo todo lo que rezuma a PP.

Me llega a los oídos que, en algunos centros educativos de nuestra comunidad autónoma, algunos docentes reflexionan en voz alta: “hace cuatro años, por menos, nos levantaron de la silla, nos pusieron la camiseta verde y nos hicieron salir a la calle”. Esto es sinónimo que los propios docentes, quiénes tendrán que lidiar con la nueva ley de educación, no ven oportuna la reforma ni en la forma ni en el contenido.

Aventurado yo en mi desdicha por conocer en profundidad la reforma, observo atónito la animadversión hacia las políticas del Partido Popular. Esa es la única justificación de plantear ahora mismo una reforma.

Vivimos en una sociedad avanzada. O eso creía. La educación es un derecho social para todos los ciudadanos. Por consiguiente, unos deberían huir del áurea mediocritas de su acción política y otros deberían vocear más alto la oposición a una reforma que pretende moldear políticamente la sociedad del futuro con el único interés de convertir en encefalogramas planos a nuestros alumnos.

Permítanme que recurra a la literatura para cerrar la columna de hoy. Ramón J. Sender nos relata en su novela de postguerra, Réquiem por un campesino, las atroces consecuencias de la Guerra Civil española. La vida del protagonista del relato, en palabras del propio Sender, "es simplemente el esquema de toda la guerra civil nuestra, donde unas gentes que se consideraban revolucionarias lo único que hicieron fue defender los derechos feudales de una tradición ya periclitada en el resto del mundo." En el caso del personaje de la novela, Paco el del Molino, la historia no era más que la excusa para mostrar la realidad del momento. Ahora, con el grupúsculo que acompaña al Dr. Sánchez como comparsa a las decisiones gubernamentales, no se pretende eso sino más bien todo lo contrario.

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