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De dignidad e indecencia

miércoles 20 de marzo de 2019, 03:00h

Desde hace meses España vive de sorpresa en sorpresa de la mano de un presidente nacido del frio Rajoy, con la compañía de ministras de una facilidad de palabra proporcional su cantidad a su nulidad calidad. Pero, no hay que alarmarse, la vida sigue y, entre decreto y decreto, norma rebozada de democracia por todos sus contornos, el gobierno nos sigue obsequiando con todas las perlas surgidas de una mente espléndidamente dotada para la mentira y el engaño. Ministros primerizos cayeron a los dos días por sus frases y conductas mentirosas. Mientras otro y otras se mantienen por su cara de cemento. Resulta curioso que un gobierno presidido por un plagiador, por un copión, ahora nos salga con una suerte de tribunal de la verdad. Un tribunal que, se dice, persigue que el ciudadano este asegurado contra la mentira, el engaño, la falsedad en las noticias que surjan durante los comicios. O sea, que el gobernante que asumió el poder desde la mentira y el engaño ahora pretende que nos creamos que va a salvarnos de la falsedad informativa. Y ello de la mano de una profesional tan «imparcial» como Ana Pastor, de Ferreras, con su newtral. Curioso método que nos recuerda la persecución en el 36 de todos aquellos periódicos ― méas de cien ― que se cerraron por no ser favorables al Frente Popular, mientras sus partidarios se mantenían sin problemas.

Y es que, al Sánchez, le encanta el recuerdo de un pasado que se fue, por aquello de anhelar cambiarlo por su personal «verdad». Un ejemplo; la exhumación de la momia de Franco está logrando no solamente alcanzar un ridículo superior, sino exaltar la figura del muerto hace más de cuarenta años. Olvida que los muertos puede que se exhumen, pero la historia no se entierra nunca. A lo sumo de manipula, se tergiversa, pero nunca supera el examen del tiempo. Someterse a las exigencias de populistas y separatistas, en este caso, no ha hecho sino meterse en un jardín del cual no puede sacar ni una sola flor. A lo sumo un ramo de malvas ajadas.

Inmerso en ese servilismo, ha caído en otro ridículo con ese silencioso acuerdo sobre la «dignidad» recuperada de un presidente catalán golpista contra la República, aparte de un firmante de sentencias de muerte a espuertas. Han sido los de Esquerra quienes, exigiendo siempre más, a cambio de nada, han logrado un acuerdo en el Consejo de Ministros, que no les es suficiente, y que al adoptarlo no hace sino endosar un baldón a todos aquellos políticos que hicieron posible una Transición ejemplar en la historia de los Estados modernos. Los Tardá, los Rufián desean con todos sus sentidos que el President que instauró el «Estat catalá» vea restituido su decencia y de paso se olvide al general Batet y su defensa de la República y su bandera, o sea un «trapo infecto» para los milicianos del dicho President. Seguramente, tampoco caen en la cuenta de que, mencionar a Companys, es traer al recuerdo los 2.441 asesinatos de religiosos (1.538 curas, 824 religiosos, 76 monjas), incluido el mercedario menorquín, Juan Huguet y Cardona. Obviando las purgas de civiles que o bien no comulgaban con sus ideas radicales, o bien lo hacían con Cristo Rey, como el alcalde de Lérida, torturado y fusilado por permitir la celebración de la cabalgata de Reyes Magos en su ciudad. El «digno President» ha dado ejemplo a sus actuales conmilitones, al proclamar que el Parlament es soberano respecto a España, al ser solo catalanes. Aunque, hoy, sí aceptan, con total indecencia, sueldos y prebendas del presupuesto del Estado opresor.

En gran medida nada ha cambiado desde entonces. El juicio del famoso proces no es sino una remembranza del de Companys y su república catalana. Según sus defensas se trataba de un acto «político y legítimo», pacífico, efectuado por un «Companys es Cataluña y Cataluña es Companys», o sea, también se envolvieron con la señera, como ahora con la «estelada», cual Pujol o Puigdemont. Sin embargo, Azaña, según sus Memorias, no estaba muy de acuerdo; "Asaltaron la frontera, las aduanas, el Banco de España, Montjuic, los cuarteles, el parque, la Telefónica, la Campsa, el puerto, las minas de potasa, crearon la consejería de Defensa, se pusieron a dirigir su guerra que fue un modo de impedirla, quisieron conquistar Aragón, decretaron la insensata expedición a Baleares para construir la gran Cataluña...” Curioso comentario de un Azaña que, también, nos dejó esta perla; «Lo mejor de los políticos catalanes es no tratarlos». Pero no, Sánchez no está para tales recuerdos. Él mira hacia atrás respecto a aquello que conviene a sus personalísimos intereses, y cede, concede y se humilla si es necesario para alcanzarlos.

Mientras tanto, otro President también exiliado, también perseguido por la Gestapo y huido a Suiza, no obtiene la atención ni de Esquerra ni del socialismo. Será que Tarradellas no merece homenajes ni acuerdos sobre su dignidad, por haber sido pieza importante en esa Transición a la democracia que tanto molesta al socialismo de hoy, deseoso de enterrarlo bajo los escombros de Cuelgamuros.

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