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La gran indecencia

miércoles 10 de abril de 2019, 05:00h

Cuando el candidato Sánchez, le espetó a un melifluo Rajoy que era una persona indecente, no cabe duda de que tenía en su mente y en su conciencia que entendía el, entonces valiente Sánchez por tal atributo. Lamentablemente en la actualidad no tendremos la oportunidad de conocer si mantiene tal opinión con el hoy su contrincante. Por lo visto, no se siente muy seguro de su discurso gesticular, ni de su fondo ideológico; no habrá debate. Ni tampoco sabremos si su consideración del concepto “decencia” está en consonancia con una serie de actuaciones personales, que han venido adornando su mandato presidencial desde su mismo arranque. Ese nacimiento ya estuvo adornado por un cúmulo de “decencias”, coronadas por dos perlas, una, la promesa de convocar elecciones en forma inmediata y la otra, por la asunción del voto de compañeros de los condenados por asesinatos como el del Fiscal Portero o del socialista Múgica o Lluch. Por lo visto, para el candidato socialista, la decencia o indecencia está más en consonancia con el fin perseguido, que por los medios utilizados. En consecuencia, si el voto de Bildu le sirve para su fin, investirse presidente, no hay inconveniente alguno en aceptarlo, para, posteriormente, tomarse unos vinos con la “bilduetarra” correspondiente en la cafetería superior del Congreso. Sin problema alguno de indecencia. Con ello no resulta nada extraño que Otegi considera que el presidente Sánchez va por el buen camino. Un camino que ya empezó a recorrer, inmediatamente después de haber ordenado el cambio de colchón y darle una mano de pintura a la Moncloa.

Y puesto en labor, ahí está la ley de Reconocimiento y Reparación de Víctimas de Vulneraciones de Derechos Humanos, votada por el socialismo, sin inconveniente alguno, empero ello significar que tal norma viene a significar una equiparación entre victimas de ETA y las supuestas de la policía y guardia civil. No hay problema alguno, siempre y cuando el PNV, Bildu, y los comunistas voten la convalidación de una serie de Decretos Leyes, fundamentales para la campaña electoral del grupo socialista, según su entender. Es una prenda más a pagar por mantenerse en la Moncloa, que en modo alguno entiende el candidato que empequeñece su sentido de la decencia. A fin de cuentas, según su ministra Celaá, esa ley no es sino una cuestión de derechos humanos, a contrario sensu que los insultos del portavoz de Bildu hacia los policías, los guardias civiles, e incluso diputados del PP, estos, no merecen de ningún Decreto Ley para resguardo de su dignidad o derecho. Una mecánica en la cual el gobierno socialista se ha lucido, sin problema alguno; ha presentado a convalidación treinta y cinco Decretos Ley, y ninguna ley. Un récord que le permite estar en el top de la lista de gobiernos democráticos.

Y para lograr su convalidación, tampoco es indecente para Sánchez que el etarra Gorka Fraile Iturralde, ni mayor de 70 años, ni enfermo, haya gozado de su traslado a la cárcel de Santoña, a escasos kilómetros de su pueblo, Durango. Una parte de la exigencia del PNV, que va mucho más allá, en consonancia con las frases de Iceta, en cuanto a deshacer España en un plazo de diez años. Y lo dijo, sin saltar, pero con toda la cara y desvergüenza que le son propias. Y Sánchez, inmutable pero no inactivo. Ya está preparando la fusión fiscal de Navarra y el País Vasco, una de las grandes exigencias de los nacionalistas vascos, que siempre han aspirado a absorber a la Comunidad Foral. A Sánchez, como a su sentido de la decencia, no le impide preparar la aplicación de la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución Española, que en el PNV se presume como un éxito de su negociación cuando la Transición, aunque haya un pequeño inconveniente, el refrendo parlamentario del pueblo navarro, requisito introducido por UPN.

Es decir, que para el candidato socialista, gobernar mediante Decretos Leyes, apoyar su gobierno en el voto de independentistas, de separatistas, de pro etarra, haciendo uso y abuso de medidas caciquiles de compra de conciencias electorales, poner en el debate el régimen de pensiones, crear derechos en su línea socialista, cual el de la eutanasia, gastar de forma opaca fondos presidenciales, apoyar su investidura en la mentira, incluso plagiar doctorados, nada de todo ello es atentatorio de su sentido de la decencia personal. Y con ese talante nos aproximamos al 28 de octubre, con un porcentaje de abstención más elevado de lo habitual, lo cual es una llamada de atención al político acerca del peligro que significa como anuncio de una abstención, en modo alguno deseable. Si consideramos las ofertas conocidas, el voto debe impregnarse de elementos de defensa no solo de la conformación territorial sino también del sentido de nuestra consustancial civilización judeocristiana. Ninguno de los dos aspectos figura para nada en el sentido de decencia ni de Sánchez, ni del actual socialismo. Seguramente sería de gran decencia tenerlo presente por parte del ciudadano a la hora de elegir y depositar su voto el próximo 28 de octubre. Y mientras tanto, estaremos a la espera de que el presidente Sánchez se atreva a debatir con algún adversario electoral, haciendo gala de su verbo gesticulante, para ser capaz de convencer a la ciudadanía de que él sí es una persona decente.
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