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Unos lumbreras

sábado 13 de abril de 2019, 10:47h

La legislatura ha terminado como se preveía. Cuatro años no han sido suficientes para definir los objetivos sanitarios de la población y elaborar el “Plan de Salud” de Baleares. Se ha hurtado al Parlamento su obligación de conocerlos y a los ciudadanos la oportunidad de beneficiarse, de forma ordenada, de su aplicación.

Siendo sinceros, se ha faltado a la norma, pero no a la verdad. La presidenta Armengol, se comprometió ante los representantes del pueblo, en sede parlamentaria, de forma reiterada y vehemente a presentarlo antes del verano. No avanzó de que año. Una de las ventajas de ser impreciso, poco riguroso e incumplidor es que se trivializan y se minimizan los compromisos hasta difuminarlos.

Una cosa se compensa con la otra. Ha sido una legislatura, clienteralmente hablando, muy productiva. Se ha colocado a simpatizantes, conocidos y amigos y avalado al más alto nivel la digitación de cargos técnicos. Hasta las jefaturas sanitarias. Tampoco se han quedado atrás en la exposición mediática y en la confusión extrema entre las acciones de partido y las de gobierno. Han pulverizado todos los records conocidos de autobombo y propaganda.

La otra realidad muestra que la práctica totalidad de los hospitales están sin acreditar. Incumplen hasta la tercera moratoria de una norma de obligado cumplimiento que data de 2012, cuyo último aplazamiento finalizó en diciembre del año pasado. Esta situación no les ha impedido firmar conciertos asistenciales, sin ruborizarse, para una década. La ofertas públicas de empleo están a medias, algunas declaradas desiertas, otras con porcentajes de suspensos del setenta por ciento y por si fuera poco, fundadas sospechas de filtraciones en determinadas convocatorias.

El servicio de salud no ha presentado memorias anuales de actividad ni económicas. La sindicatura de cuentas ha encontrado partidas de gasto anuales, que rozan los trecientos millones de euros, sin fiscalizar.

Han creado nuevas empresas públicas y el dinero dedicado a contratos con entidades privadas y los pagos a las empresas concesionarias, han superado todas las cifras anteriores.

La reforma del Hospital Son Dureta ha sido presentada, al más alto nivel, hasta tres veces, cuando la realidad muestra que no ha sido suficiente la legislatura ni para derribar los edificios deteriorados.

Si hablamos de continuidad directiva, nos topamos con ejemplos como Son Espases, en el que observa que se han sucedido hasta tres directores gerentes y cuatro directores médicos en cuatro años. No les voy a contar lo que viene sufriendo de forma continuada; en algunas épocas del año, las citas para el médico de familia se ha acercado a los quince días de demora.

Todo ello por la módica cantidad de 500 millones de euros anuales de más, como los aprobados en el último presupuesto. Se olvidaba referirme a las inversiones en complicidades. Si el pueblo, como suele hacer, les envía a la oposición, hay que dejar las bisagras de las puertas giratorias académicas y de empresas privadas relacionadas bien lubricadas. Les suelen corresponder con generosidad.

No es por casualidad que llegamos a final de ciclo sin objetivos y sin rendición de cuentas. Todo para el pueblo, a costa del pueblo. Unos lumbreras.
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