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Diez años del atentado mortal de ETA en Palmanova
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Diez años del atentado mortal de ETA en Palmanova

Por Josep Maria Aguiló
martes 30 de julio de 2019, 07:00h
Este martes se cumplen diez años del atentado mortal de la banda terrorista ETA en Mallorca, que costó la vida a los guardias civiles Carlos Sáenz de Tejada y Diego Salvá. El trágico suceso tuvo lugar ante el cuartel de la Guardia Civil de Palmanova, en el municipio de Calviá. Ambos agentes murieron unos minutos antes de las dos del mediodía, tras explotar la bomba lapa que un comando etarra había adosado previamente en su vehículo. Fue el último atentado mortal de ETA en España.

Aquel 30 de julio de 2009, la tragedia pudo haber sido aún mayor, ya que ETA había colocado una segunda bomba lapa en Palmanova, en concreto, en otro de los vehículos de la Guardia Civil estacionados en la zona. El segundo artefacto fue encontrado por la tarde enfrente del antiguo cuartel de la Benemérita. Poco después, los artificieros de la Guardia Civil explosionaron de forma controlada esa segunda bomba lapa. Previamente, habían desalojado los edificios próximos y habían acordonado toda la zona.

Cabe recordar que casi dos décadas antes, el 30 de julio de 1991, la banda terrorista había actuado ya en Mallorca, haciendo explotar en Palma un coche bomba ante un bloque de viviendas militares y otra bomba ante una finca ocupada por oficiales. A causa de ambos atentados, hubo varios heridos leves. Posteriormente, en agosto de 1995, ETA intentó atentar contra Don Juan Carlos durante su estancia estival en el Palacio de Marivent.

Un gran dolor

«El dolor no desaparece ni se supera nunca», explica el padre de Diego, Antonio Salvá, que en aquel momento se encontraba en Ibiza. «Aquel mediodía me llamó mi hija para decirme que había habido una explosión en Palmanova y que podía tratarse de un atentado, pero yo en aquel momento pensé que eso era imposible», recuerda. Finalmente, un médico de la Guardia Civil amigo suyo le llamó a las tres. «Es tu hijo, me dijo», añade. «A partir de ahí, mi vida cambió completamente», reconoce.

Hace una década, el alcalde de Calviá era el popular Carlos Delgado, hoy retirado de la política. Aquel día se celebraba en el consistorio el pleno ordinario de cada mes. Casi al final de la sesión, el teniente de alcalde Tomeu Bonafé le informó de lo que había ocurrido. «Propuse suspender el pleno de inmediato y rápidamente me dirigí hacia el cuartel de la Guardia Civil», indica Delgado. Al llegar, el coche patrulla aún estaba en llamas.

Esas dramáticas imágenes fueron vividas también en directo por el entonces presidente del Govern, el socialista Francesc Antich. «Nunca podré olvidar la imagen del coche ardiendo», explica. «Aquel atentado fue algo terribe», rememora. Para Antich, este décimo aniversario debería de servir sobre todo «para recordar a las víctimas» y también «para que los demócratas sigamos haciendo una defensa sin fisuras del Estado de Derecho» y «para que aboguemos para que los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado tengan siempre los medios y los instrumentos que necesitan».

En aquella época, el delegado del Gobierno en Baleares era Ramón Socías. «Es imposible olvidar el dolor de las familias de Diego y de Carlos o el ver a sus compañeros llorar desconsoladamente», recalca Socías, que ha continuado en contacto con los padres de ambos guardias civiles. «En los tres años siguientes en que seguí siendo el delegado del Gobierno, siempre tuve un recuerdo para Diego y para Carlos en mi discurso del Día de la Constitución, era lo mínimo que podía hacer», explica emocionado.

Investigación policial

Un día después del atentado criminal de Palmanova, la capilla ardiente de Diego y de Carlos fue instalada en el Palacio de la Almudaina, justo enfrente de la Catedral. En la Seu se celebró luego la misa funeral, que contó con la asistencia de los entonces Príncipes de Asturias, así como del presidente del Gobierno en aquel momento, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy. Los féretros serían trasladados desde la Almudaina hasta la Catedral a hombros de sus compañeros.

«Recuerdo aquella jornada con especial emoción», afirma el comisario de la Policía Nacional José Luis Santafé, quien hace diez años era el jefe de la Unidad de Prevención y Reacción en Mallorca. «Tras el atentado, pusimos en marcha una "operación jaula", para controlar los accesos a Palma desde Palmanova y para intentar impedir que los terroristas pudieran escapar por vía marítima o aérea», detalla Santafé.

Asimismo, Santafé recuerda que diez días después del atentado, el 9 de agosto, ETA volvió a actuar en la isla, en concreto en Palma, con la colocación de cuatro bombas de escasa potencia, también con temporizador, en los baños de distintos locales. No hubo heridos. «La hipótesis hoy más verosímil es que cuando explotó la bomba lapa de Palmanova, los terroristas no se encontraban ya en la isla», especifica.

A día de hoy, sigue sin saberse quiénes fueron los autores de dicho atentado y de la colocación de las otras cuatro bombas. Con respecto al hecho de que aún no hayan podido ser identificados los asesinos que actuaron en Palmanova, Socías expresa un deseo: «Espero que un día los culpables puedan ser detenidos, juzgados y condenados, para que por fin puedan descansar las familias de Diego y de Carlos».

Los padres de Carlos han regresado cada año a la isla, desde Burgos, para recordar a su hijo. «Cuando llegan, me llaman y quedamos para hablar, siempre ha sido así desde entonces», recuerda Delgado. Por su parte, el padre de Diego recalca que, a pesar del dolor, nunca podrá olvidar las muestras de cariño que recibió aquel trágico 30 de julio de 2009. «Todavía hoy me para gente en la calle para mostrarme su afecto, sin poder evitar llorar en algunos casos», concluye Antonio, con entereza y emoción al mismo tiempo.

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