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El gran hackeo

sábado 17 de agosto de 2019, 08:32h
Un reciente artículo del diario británico The Guardian afirma con acierto que estamos viviendo el mayor cambio en la sociedad de la información desde que Gutemberg inventó la imprenta allá por el año 1439. Y, como toda revolución, no somos capaces de ver el alcance de lo que está pasando. Los sociólogos dirán dentro de unos años lo que nuestros likes en Facebook e Instagram están cambiando nuestras vidas.

Ya sabemos que “cuando un producto es gratis, el producto eres tú”. Y añadiría que, a buen seguro, te van a vender sacando una elevada rentabilidad por ello.

Si no fuéramos altamente rentables para ellos ¿por qué motivo iba a invertir una compañía millones de euros en mejorar continuamente la plataforma actual o en comprar otras redes sociales? Recordemos las compras más sonadas del mundo social: Facebook compró Instagram por mil millones de dólares y Whatsapp por 22.000 millones. Google compró Youtube por 1.300 millones.

“El gran hackeo” de Netflix saca a relucir la manipulación a la que estamos sometidos en base a la información que entregamos gratuitamente a las redes sociales. Sobre todo por dar al botón de “aceptar” sin leer los disuasorios, por extensos, términos legales cuando nos damos de alta en una aplicación.

La mecánica es sencilla de explicar aunque difícil de ejecutar. Solo se encuentra al alcance de las grandes redes sociales que, tras recopilar ingentes cantidades de datos pasadas por el tamiz del big data, elaboran perfiles de personas. A partir de ahí, en interés propio o vendiendo los datos a otras empresas, influirán en los comportamientos para conseguir el objetivo deseado: un marketing más certero para incitar a la compra, manipular emociones con una finalidad determinada, cambiar el destino de un país o, lo que es peor, cambiar el orden mundial.

Facebook vendió datos de millones de personas a la empresa Cambridge Anaytica para ayudar en la campaña que aupó a Donald Trump al poder o la que dio el triunfo al sí en el Brexit.

Después de vender los datos, Facebook empleó su extensa red para expandir los mensajes.

Lo llamativo de las declaraciones de algunos ex empleados de la empresa Cambridge Analytica es que la ingente información de datos que tienen sobre nosotros (donde vivimos, donde estudiamos, donde trabajamos, quienes son nuestros amigos, nuestros estados de ánimo, preferencias, ideología, filias y fobias) permiten crear perfiles vulnerables y manipulables a los que lanzar mensajes para modificar su opinión. Cambridge Analytica se jactaba en tener hasta 5.000 datos de cada votante estadounidense.

Para sorpresa de todos, recomiendo solicitar a Facebook que nos muestre lo que sabe de nosotros (es fácil de encontrar cómo hacerlo en los buscadores). Si no es directamente a través de nosotros, es a través de nuestros amigos que, por comodidad, han aceptado compartir agenda al aceptar los términos legales sin leer.

Si Facebook lanzara su moneda digital Libra además llegaría a conocer dónde, cuánto y en qué gastaríamos nuestro dinero. Así cerrarían el círculo. Solo por eso se debería abortar este proyecto. Los bancos ayudarán a ello al verse amenazados.

Asusta ver las consecuencias de la manipulación a las que estamos sometidos. La educación con sólidos valores, espíritu crítico y capacidad de discernimiento entre la verdad y la mentira se presentan como imprescindibles para resistir los ataques interesados a los que nos someten y nos someterán.

Pensémoslo antes seguir en las redes sociales o de dar un like. Y, si lo hacemos, sepamos que estamos alimentando al gigante que intentará devorarnos. Aunque también podemos engañarle nosotros a él. Al fin y al cabo son algoritmos y se nutren, en gran parte, de lo que les decimos. Quizá no haya que decir toda la verdad. Proferir mentiras piadosas a un algoritmo no debe ser malo, ¿verdad?
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