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Penalti y expulsión. Sigue el juego

Por Manuel Pascua Mejía
jueves 17 de octubre de 2019, 01:00h
Se han juzgado unos hechos concretos, se han analizado de acuerdo a la ley y los procedimientos judiciales las distintas pruebas materiales y siete jueces han emitido sentencia. La “cuestión catalana” no desaparece, ni creo que nadie sensato esperara que desapareciera con una sentencia. Los jueces solo han pitado penalti ante una jugada. Y ahora ya se sabe que ese tipo de juego no es aceptable con las reglas vigentes. Expulsión de los infractores y se reanuda el juego de la política.

Las leyes son las reglas del juego en cualquier sistema democrático y hay mecanismos para cambiarlas, anularlas, abolirlas o sustituirlas. El objetivo político [Independencia de Cataluña] debería atenerse a una estrategia política y jurídicamente aceptable. Esa estrategia debería contemplar cómo cambiar desde dentro las leyes que impiden realizar una consulta como la que pretenden. También deberían establecer varios campos semánticos para “referéndum/consulta/ que abarquen un continuo que vaya desde el referéndum de ruptura en un extremo hasta un estudio demoscópico en el otro. A lo largo de este hipotético continuo hay un referéndum consultivo no vinculante, otro vinculante, otro con condiciones, otro sin condiciones, etc. Deben planificar una estrategia económica seria y viable porque, si se declarara la independencia en este preciso instante, Cataluña tendría que afrontar una deuda pública de 80.000 millones de euros; y deben aplacar los sentimientos y los malos instintos que han escalfado en la sociedad desde las instituciones y durante años. Con un panorama semejante, la política encontraría el camino, el diálogo y el acuerdo.

Las penas que les han caído son altas, duras y equitativas. Para cada extremo, sin embargo, el dolor es grande: unos porque esperaban 30 años y no se conforman con menos, y otros porque esperaban un diploma de buena conducta y no se conforman con menos. Otro continuo: entre esos dos extremos, los siete jueces del Tribunal Supremo han encontrado un castigo ejemplar y doloroso y en la página 483 párrafo 4 aclaran que el tribunal deniega la petición de la fiscalía acerca de los beneficios penitenciarios de los ahora ya condenados. La fiscalía pedía que no pudieran acceder a los beneficios hasta que hubieran cumplido la mitad de su condena y los jueces dicen que no y dan una explicación impecable. Así, pues, la realidad es que 13 años se convierten en 39 meses (tres años y tres meses) a los que hay que restar los dos que lleva Oriol Junqueras en preventiva y le quedarán 15 meses, prácticamente para Navidad del año que viene este hombre quedará libre. Y es el que más pena lleva.

Los Jordis han sido penados a 9 años que se convierten en 27 meses, dos años y tres meses, de los que se restan automáticamente los meses en preventiva así que para Reyes estos dos estarán en casa. Y eso sin contar con que el tercer grado está al caer (hoy o mañana) lo que les permitiría vivir fuera de la cárcel y solamente tener que pernoctar en ella.

Con todo, pues, el estado de derecho ha funcionado y ha controlado sin mayores dramatismos que las alharacas de hoy y las próximas semanas una situación muy peligrosa y conflictiva generada de gratis et amore desde el gobierno de la Generalitat en tiempos de Puigdemont. Al margen de llorones y gritones, le toca a la política y nos toca a nosotros, los ciudadanos, redefinir el rumbo y teniendo todos claro que con la ley todo y sin la ley nada.
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