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Necesito una tregua

Por Joana Maria Borrás
domingo 09 de febrero de 2020, 04:00h

Dentro de unos años tendremos menos autonomía que los robots de los que dependerá cualquiera cosa que hagamos las veinticuatro horas del día. La autonomía entendida como la capacidad personal para elegir o tomar decisiones está en crisis. Creemos que somos autónomos porque de repente compramos productos sin gluten; abominamos frente a los productos de bollería, los coches que utilizan gasoleo, el azúcar blanco de toda la vida, el chocolate con leche que nos volvía locos de niños al regresar del colegio metido dentro de un bocadillo en forma de tableta, incluso la fruta comienza a preocuparnos porque tiene azúcar también.

Nos hemos convencido de que es una decisión autónoma no beber cierta clase de leche si no es vacas que duerman plácidamente cada noche con música de Chopin de fondo e incluso que hay huevos más sanos porque son de gallinas sin estrés. Compramos productos de dudosa calidad ecológica y todo aquello que lleva la consigna “natural” “sin aditivos” “sin conservantes”. Como parte de esa espiral alucinógena la mayoría de nosotros sabe ahora más que nadie de dietética y han aparecido expertos como setas que difunden a través de las redes consejos para quienes están dispuestos a “liberarse” de la esclavitud que supone la clase de alimentación que hasta ahora nos había mantenido al menos de pié cada día.

Basta que salte la alarma en cualquier sector a través de las redes para que una gran mayoría “autónoma” cambie de un día para otro sus hábitos de vida e inicie un aprendizaje sobre nuevas maneras de alimentarse, de hacer deporte o de vivir. Es indudable que estamos aprendiendo cosas nuevas y que sumar siempre es mejor que restar, ello no obstante, mucho me temo que la información en redes ha pasado de ser algo educativo a algo cada vez más peligroso. Es sumamente fácil lanzar una alarma para acabar con un competidor, para alentarnos a consumir un producto o servicio determinado. Es una especie de publicidad subliminal mas letal que cualquier otra porque limita nuestra autonomía, nuestra capacidad de decisión hasta el punto de que si no hacemos lo que todo el mundo hace, vamos a vivir menos y peor y eso genera una duda atroz a la hora de elegir entre el donut de chocolate o las galletas sin sabor alguno que están en los estantes más altos.

De ahí a que me atreva a afirmar que dentro de unos años, los robots que estarán entre nosotros de formas muy diversas, tendrán más autonomía que nosotros, porque ellos estarán programados para hacer lo que tienen que hacer sin interacciones con nuestro ir y venir caótico. En cambio nosotros, que ya teníamos bastante antaño con defender nuestra independencia y autonomía moviéndonos entre las cuatro paredes de nuestro entorno más inmediato (familia, amigos y trabajo), ahora tenemos enfrente un enemigo tan global como implacable. Necesito una tregua y mi vaso de Cola Cao de toda la vida todas las mañanas.

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