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El hacedor de milagros

El hacedor de milagros

domingo 09 de febrero de 2020, 18:14h
El Real Mallorca ha sido siempre, históricamente, un equipo hacedor de milagros, tanto propios como ajenos. Un milagro dilatado en el tiempo fue, por ejemplo, su presencia ininterrumpida en Primera División durante 16 temporadas, del mismo modo que fue también milagroso que llegase a una final de la Recopa de Europa o, mucho más recientemente, que en apenas dos años pasase de jugar en Segunda B a regresar de nuevo a Primera. Eso por lo que se refiere a los prodigios propios.

Por lo que respecta a los milagros ajenos, si por algo es querido el Mallorca fuera de la isla es por su tendencia casi natural y sin duda involuntaria a echar una mano a todos aquellos rivales que en un momento dado se encuentran en situaciones extremadamente delicadas o directamente críticas. Así ha ocurrido a lo largo de esta temporada ya con el Leganés, el Valladolid y ahora el Espanyol.

Sabiendo que el conjunto catalán no había ganado hasta este domingo un solo partido en casa, ningún verdadero mallorquinista albergaba la más mínima duda acerca de cuándo se produciría esa primera victoria de los «periquitos» ante su gente. Aun así, es cierto que, en líneas generales, el conjunto de Vicente Moreno estuvo este mediodía mejor que el de Abelardo, pero desgraciadamente no supo reaccionar tras el gol de Raúl de Tomás, que a la postre fue el que dio el triunfo al Espanyol.

En la primera parte, Ante Budimir podría haber adelantado al Mallorca, pero también podríamos habernos ido al descanso con el marcador en contra de no haber sido por el paradón de Manolo Reina tras un buen remate de Jonathan Calleri. En la segunda parte, el partido entró ya en otra dinámica tras el gol del Espanyol, pero aun así Budimir podría haber empatado de cabeza en el último suspiro. Pero una vez más —y van ya unas cuantas— nos faltó un poco más de suerte en los momentos clave.

Suele decirse que el fútbol es como la vida. O viceversa. Seguramente es así, pero tendremos que convenir en que ser compasivos, tener empatía, pensar en los demás o ayudarles cuando más lo necesitan, como haría el buen samaritano, no suele dar casi nunca muy buenos resultados en el fútbol profesional. De hecho, nuestro cupo de generosidad bermellona debería de haber tocado ya techo, pues ahora mismo es el Mallorca el equipo de Primera que más necesitado parece estar de un milagro.
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