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El mallorquín Sergio Giménez desentraña el mito de Ángel Pestaña: ¿anarquista o falangista?
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El mallorquín Sergio Giménez desentraña el mito de Ángel Pestaña: ¿anarquista o falangista?

domingo 16 de febrero de 2020, 20:07h

Ángel Pestaña (Santo Tomás de las Ollas, León, 1886 - Barcelona, 1937) es una de esas figuras históricas a las que se tragó el olvido. Célebre en su tiempo por ser víctima de un atentado organizado y pagado por el gobernador civil de Barcelona, Severiano Martínez Anido, en 1922, o por entrevistarse con Albert Einstein en Barcelona, un año más tarde, hoy apenas es recordado. Y lo poco que se conoce está repleto de tópicos que no hacen justicia a una vida dedicada a la lucha sindical. El historiador Sergio Giménez (Palma, 1976) acaba de publicar un trabajo biográfico titulado ‘Ángel Pestaña, falangista. Anatomía de una mentira histórica’ (Piedra Papel Libros), donde retira la losa de silencio que pesa sobre su figura y desincrusta los mitos que le han acompañado hasta la actualidad.

¿Quién fue realmente Ángel Pestaña?

Estamos hablando de alguien que en diversas ocasiones ejerció como secretario general de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), y quizás fue el mejor organizador que tuviera nunca esta entidad. Su evolución desde el anarquismo y el anarcosindicalismo hacia posiciones favorables a la participación política en la Segunda República motivó la repulsa de buena parte de sus antiguos compañeros. Diputado en Cortes tras las elecciones generales de febrero de 1936 por su organización política, el Partido Sindicalista, a Pestaña lo mató la Guerra Civil, tras meses de frenético servicio al Gobierno y al ejército republicanos, convertido ya en un auténtico hombre de Estado. Su entierro fue una de las últimas grandes manifestaciones multitudinarias de dolor en la España leal.

A Pestaña lo mató la Guerra Civil. Su entierro fue una de las últimas manifestaciones de la España Leal

¿Qué hace un historiador mallorquín escribiendo sobre un sindicalista y político del Bierzo?

La verdad es que, si nos fijamos en las encuestas del CIS, la política y el sindicalismo están muy mal valorados y no parece que la situación vaya a cambiar. Lo que no significa, en mi opinión, que los sindicalistas tenaces y honrados no sean hoy necesarios. En este sentido, Pestaña fue durante casi 20 años un referente en la CNT, entonces el sindicato mayoritario en España junto a la UGT. Y si lo pregunta por no escribir sobre historia local, le cuento que Mallorca no le era ajena a Pestaña. De hecho, asistió a varios actos en la isla. El primero fue en agosto de 1930, en la Casa del Pueblo de Palma, en favor de la liberación de presos políticos y sociales encarcelados durante la Dictadura de Primo de Rivera. Todo un acontecimiento.

Mallorca no le era ajena a Pestaña. En 1930, asistió a un acto en la Casa del Pueblo de Palma. Todo un acontecimiento

¿Tanto?

Sí, sí. Era un tipo al que la fama le precedía. De hecho, muchos de los asistentes acudieron sólo a curiosear, por ver qué aspecto tenía o cómo sonaba su voz. No lo digo yo, sino la crónica del diario socialista 'El Obrero Balear', nada sospechoso de exagerar el asunto porque la CNT era de la competencia. Tres días después dio una conferencia en el Teatro Victoria de Santa Catalina. Y a principios de enero de 1936, vino de nuevo a la isla, esta vez para representar a su partido en dos actos celebrados junto a los republicanos federales, uno en el Teatro Balear de Palma, y otro en el Teatro Principal de Manacor. Cuando se marchó comenzó a organizarse la agrupación palmesana del Partido Sindicalista.

El título del libro no parece encajar con esta exposición…

Eso pensé yo cuando comencé a investigar su vida, ya que había leído que simpatizaba con el falangismo e incluso que se había afiliado secretamente a él. Pero nada más lejos de la realidad. Lo que pasó es que tuvo un encuentro con José Antonio Primo de Rivera, a quien, al parecer, el mismísimo Benito Mussolini le habría recomendado que lo captara. Pestaña había rechazado varias invitaciones y, aunque accediera a hablar con Primo de Rivera en un café de Barcelona, le dio calabazas: no hubo ningún acuerdo, ni tuvo en su momento trascendencia política alguna.

Accedió a tomar un café en Barcelona con José Antonio, pero le dio calabazas

No le voy a pedir que destripe el contenido del libro, pero ¿cómo se crea y se sostiene una mentira así en el tiempo?

A muchos sectores políticos les vino bien que se exagerara y se manipulara aquel episodio, que en el fondo no deja de ser anecdótico. A los falangistas recordarlo les ayudó, y aún ocurre hoy en día, a ‘lavar la cara’ de su líder y presentarlo como alguien alejado del fascismo, una manera de desandar la mitificación a la que también fue sometido y colocarlo tan a la izquierda como el franquismo lo hizo hacia la derecha. Por eso también rememoran otros contactos similares con el socialista Indalecio Prieto o el anarquista Diego Abad de Santillán. El problema es que, en febrero de 1934, cuando aconteció la entrevista con Pestaña, Falange Española tenía poco más de tres meses de vida, y José Antonio se encontraba ideológicamente en una fase muy poco madura, muy escorado a la derecha. Era un conservador que se iba haciendo fascista, o bien un fascista todavía muy reaccionario. Más adelante sí encontramos en él un discurso más obrerista, apuntando modos fascistas clásicos.

Tanto a los falangistas como al entorno libertario no les ha convenido rebatir la ficción sobre Pestaña

¿Y cómo se reaccionó desde el entorno libertario?

La verdad es que no se preocupó demasiado de rebatir la ficción. Vistas las sandeces que se han llegado a escribir, como por ejemplo que Primo de Rivera y Pestaña charlaban amistosamente por los pasillos del Congreso de los Diputados sin haber coincidido siquiera en la misma legislatura, o que se prologaban libros mutuamente, lo cierto es que no valía la pena entrar a desmentirlo. Pero también ha habido cierta dejadez porque, aún después de tanto tiempo, Pestaña sigue siendo una personalidad poco simpática para muchos y no ha molestado demasiado que se le asociara al falangismo. El único que dedicó unas páginas a desmentir el asunto, y porque era de los suyos, fue el novelista Ángel Mª de Lera en su biografía ‘Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista’ (1978), donde transcribe la versión que le contó el propio protagonista en 1936. Ojo, estamos hablando de apenas tres páginas escritas de memoria más de 40 años después de los acontecimientos.

Pestaña se mostró crítico con el bolchevismo y la Revolución rusa…

Sí. Conoció ambos movimientos de cerca porque viajó como delegado de la CNT al Segundo Congreso de la Internacional Comunista (1920). Su informe fue decisivo para mantener alejado al anarcosindicalismo hispano de la influencia comunista. Después, también se opuso a los tejemanejes del Partido Comunista de España durante la Guerra Civil. Es obvio que su estudio tampoco fue una prioridad para la historiografía marxista durante la Transición. Y el historiador Antonio Elorza, la excepción en este caso, no quiso entrar en el asunto de las conversaciones con José Antonio por falta de información. A todo esto, hay que sumar a autores y periodistas aposentados sobre cómodos mitos, que se copian unos a otros sin contrastar la información, y con todo ello obtenemos la explicación de por qué el tópico continúa vivo.

Pestaña se opuso a los tejemanejes del Partido Comunista de España durante la Guerra Civil

En el libro, trata usted muchos otros temas que el título no recoge. ¿Cuáles son?

Es que realmente, con las fuentes disponibles, la entrevista no da para mucho. Yo me he dedicado más a demoler que a construir. Lo que pasó es que el libro fue tomando vida propia. En principio, tenía que ser un artículo breve para el portal divulgativo ‘Ser Histórico’, pero se me fue de las manos. Tampoco pensaba dedicar mucho espacio a la Falange ni a José Antonio, muy estudiados, pero lo cierto es que el trabajo quedaba cojo y decidí tratarlo. Y luego la editorial me pidió que incluyera una biografía inicial de Pestaña y una explicación de su extraño partido, otro gran desconocido. Concluyo con una parte que analiza algunos asuntos que han contribuido a posteriori a apuntalar la mentira, como la infiltración de falangistas en el Partido Sindicalista durante la guerra o los intentos de colaboración de algunos ‘pestañistas’ con el Sindicato Vertical franquista.

¿Qué queda de Pestaña y de sus propuestas?

Poco y mucho. Según se mire. Yo siempre digo que soy muy ‘pestañero’, pero no ‘pestañista’, lo cual hoy en día significaría tanto como llamarse mosquetero. Muchos de aquellos hombres y mujeres eran sindicalistas libertarios que vieron en la Segunda República la oportunidad de lograr avances de todo tipo, y supieron conciliar sus propuestas obreristas con la política y con un patriotismo de izquierdas de raíz republicana. Pero hoy no tenemos República, ni el sindicalismo tiene la relevancia y el peso social de hace 80 años, por lo que sería absurdo buscarle representación en las instituciones a la manera del laborismo británico originario, en que de una reunión de sindicatos salió un partido para darles voz en el Parlamento. Creían, además, en un sindicalismo unitario, dado que la patronal es un bloque compacto, aunque siguiendo un modelo rigurosamente plural y democrático, donde los socialistas, católicos, anarquistas, comunistas... debían abstenerse de hacer política partidista en su seno para centrarse en las reivindicaciones laborales más inmediatas. Al mismo tiempo, debían preparar al detalle una futura toma y control de los medios de producción por parte de los trabajadores. De todos los trabajadores y trabajadoras.

Siempre digo que soy muy 'pestañero', pero no 'pestañista'.

Eran otros tiempos, sin duda…

Sí. El sindicalismo unitario hoy parece una ingenuidad y nos recuerda un poco a la organización sindical del franquismo, pero fíjate que a finales del régimen hubo algún sector de Comisiones Obreras que se lo planteó. Después, la ingeniería de la Transición fue por otro camino y el sindicalismo se hace ahora desde infinidad de siglas. Con todo, hay otros aspectos de actualidad, como ese patriotismo del que le hablaba, latente en la izquierda española parlamentaria y que asoma cada cierto tiempo en el PSOE, Podemos o Más País, sobre todo durante las campañas electorales. Y claro, si hablamos de Pestaña, surge la necesidad de un sindicalismo combativo y bien organizado, porque los derechos laborales siempre se han tenido que pelear; no son obsequios del empresariado.

El sindicalismo unitario parece hoy una ingenuidad, pero CC.OO se lo planteó a finales del franquismo

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