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¿El coronavirus de España es el mismo que el de China e Italia?

jueves 26 de marzo de 2020, 07:00h

Parece que si o al menos no hay ningún dato que indique que sea diferente. Tampoco hay ninguna evidencia de que haya mutado en su emigración desde allí hasta nuestro país y también parece que es el mismo que el de Italia y el resto de los países. ¿Entonces porque el número de sanitarios infectados ronda en nuestro país el 15% y en Italia y en China no pasan del 4-5%? Es tan grande el hiato entre las dos cifras que es normal que atraigan nuestro interés y sospecha y que no interroguemos sobre ellas. Yo al principio pensé sobre los italianos: se han equivocado, después que manipulaban cifras, posteriormente reflexioné y descarté las múltiples estrategias de mising y liftin que se utilizan para sesgar los datos y finalmente opte por aceptar la dureza de las cifras. Sobre los chinos, todavía me cuesta tragarme y metabolizar muchas cuestiones sobre la gestión inicial de la pandemia por lo que mantengo cierto escepticismo. Pero reconozco que las cifras de sanitarios infectados son muy pequeñas con respecto a los españoles. Sigamos con la cuestión. ¿Qué ha pasado en España y parece ser que no ha ocurrido en ambos países? ¿Qué han hecho ellos bien y nosotros peor? ¿Ellos tienen GPS que les guía adecuadamente y nosotros cogemos atajos? ¿Estamos dejando muchos flecos, en la gestión que estamos haciendo en esta pandemia? No es posible que ellos sean tan competentes y nosotros tan incompetentes. Somos un gran país, no lo olviden. ¿Como es posible que hayamos sido tan miopes, tan imprudentes, tan banales y tan insoportablemente leves? Bien ustedes saben la dolorosa respuesta, como diría un castizo: “nos han pillado de culo, cuesta arriba, con el viento en contra y con las ruedas pinchadas “. Bueno, sobre todo a los seudolideres políticos que a la sazón están en el poder. No es lo que pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa. No solo cuenta el factor externo sino la interpretación y la respuesta, adaptativa o desadaptativas que se da. Con recursos limitados e insuficientes (tests diagnósticos y medidas de protección adecuadas), está claro que los primeros que van a caer son los que están en la trinchera y en la vanguardia. Es decir, los trabajadores de la sanidad, de los cuerpos de seguridad del estado, de los servicios públicos y de los que trabajan en ámbitos diversos y básicos , etc. Esos que reciben el aplauso y el agradecimiento de todos los españoles. Por eso hay que exigir a la administración que cuide a sus profesionales que son los que dan la cara en esta pandemia, para así poder disminuir esa demoledora cifra del 15 % de infectados, en los que el factor principal es hacer su trabajo con medios insuficientes.

La realidad siempre es un buen negocio, hay que consumirla, nunca negarla ni subestimarla. Nunca se adapta a nuestros deseos. Ese es el aprendizaje que debemos extraer, junto con el reconocimiento de nuestra interdependencia, antídoto contra el narcisismo e individualismo en el que optamos por instalarnos.

Estamos hartos de los ardides de ciertos políticos que embarran el campo para disimular su pocoyoismo y su nimiedad. Soy muy escéptico con el futuro complicado post pandemia que nos espera y sobre todo con quienes van a liderar su gestión, pues como decía Marcel Proust “los hechos de la vida no penetran en el mundo en el cual viven nuestras creencias: no engendran dichas creencias, y no pueden destruirlas”. Una vez más, vemos que es más fácil querer a los ideales y a la ideología que a las personas.

En otro artículo abordare el tema de las responsabilidades en el ámbito legal y ético de las administraciones.

Ahí van ciertas sugerencias y cuñas de autoayuda: los imprevistos como la muerte son algo inseparable de la vida, pero la vida sigue siendo merecedora de ser vivida, aunque nuestra alma está rota, la vida sigue. Darle sentido es la mejor forma de manejarse en la incertidumbre y de generarnos esperanza.

Cuídense mucho. Nuestra actitud positiva se podría resumir en aquello de que “entramos junto en esto y saldremos juntos y lo que es bueno para todos es bueno para mí”. Abstinencia televisiva y dieta absoluta de programas neurotóxicos. Cuidado con la compulsión de carbohidratos y alcohol y dosis homeopáticas de información razonable y verídica.

Empleen su tiempo para tomar conciencia del Diógenes que se construyen y empiecen la des-diogenizacion: del móvil, del ordenador, de su casa, etc. Mantengan un nivel adecuado de comunicación guasapera con amigos, familia y vecinos y aprovechen a salir a la terraza para aplaudir a las 20 horas y a respirar, ahora que la contaminación ha bajado a mínimos.

MI memoria y agradecimiento para los profesionales sanitarios y trabajadores de diversos ámbitos que hacen posible que

Y no olvide, en derrota transitoria pero nunca en doma.

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