www.mallorcadiario.com

Flor de Azahar

Por Joana Maria Borrás
domingo 29 de marzo de 2020, 04:00h

Hace años me enamore del olor de la flor de azahar. Aquel año viaje a Sevilla a finales de un mes de marzo que había sido extremadamente frío en Mallorca, no tenía ni la más remota idea de que aquella ciudad para mi desconocida, me acogería con los brazos abiertos y me regalaría una temperatura por encima de los treinta grados y ese olor a flor de azahar que me impregno apenas cruce el umbral de los Reales Alcázares mientras tañían las campanas de la Giralda. Ese día me enamore de Sevilla y de su flor de azahar.

Si bien tomé la decisión en aquel instante de regresar cada año en primavera, ese deseo se vio totalmente frustrado, año tras año, por un listado de motivos de lo mas diverso entre los que jamás imagine que se colaría un estado de alarma y confinamiento en el País que impediría nuevamente, utilizar mi reserva de avión y hotel para volver a esos Reales Alcázares y embriagarme de primavera sevillana otra vez.

En el tránsito de lo que era una pequeña frustración anual sin mayor importancia y dado que soy estoica por naturaleza, decidí plantar un naranjo en el jardín. No tengo maña para la cocina ni tampoco para la jardinería y he de confesar que el naranjo ha vivido buenos y malos momentos. El primer año nos obsequio con bastantes naranjas, grandes, jugosas, de la mejor calidad. El segundo año decidió no darnos ninguna y como en una especie de castigo le obligue a convertirse en árbol de Navidad cuando llego el frío y diciembre, de tal forma que colgamos las bolas y los adornos de sus verdes ramas y así evitamos tener que montar un abeto en un lugar dónde lo típico no son los abetos sino los naranjos.

En esa época, cuando fui a Sevilla por primera vez (me gusta escribir “primera vez” para dejar claro que no será la última), odiaba caminar más de cincuenta metros seguidos, no me gustaba ir de excursión y ni tan siquiera tenía un naranjo en el jardín. Ahora, años después, no soporto estar un día sin salir al aire libre y necesito andar o correr varios kilómetros varias veces por semana, la vida no se detiene y nosotros estamos en un cambio continuo. El confinamiento o aislamiento obligatorio debido a la declaración de estado de alarma en el País nos ha puesto a todos a prueba y, por una extraña mezcla de solidaridad y miedo ante posibles sanciones, no me ha quedado más remedio que organizar un mini circuito para recorrer los breves doce metros de largo del jardín.

Mientras pisoteaba la yerba el pasado domingo, siempre por el mismo sitio para dejar el “circuito” claramente delimitado, me di cuenta de repente que mientras estaba corriendo o intentándolo al menos, todo el jardín olía intensamente a la flor de azahar de ese naranjo que ya desprende primavera por los cuatro costados. Fue una carrera corta y seguramente inútil para mantenerme en forma, pero ahora ya se que este año tendremos naranjas y no bolas de Navidad.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)
Compartir en Meneame

+

0 comentarios