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Desde mi butaca orejera

martes 31 de marzo de 2020, 06:05h

Llevo unos días viendo pasar el mundo desde mi butaca orejera; se ha convertido en mi gran amiga y mi gran cómplice de las tardes de lectura tras una mañana de trabajo en casa, que como todo tiene un nombre hoy día lo llaman teletrabajo.

Desde esa butaca marrón oscuro que te abraza cuando te sientas en ella paso sin lugar a dudas los mejores momentos del día, horas de lectura y reflexión que hacía mucho tiempo había deseado, pero la verdad nunca pensé que fuera por esta triste causa; de hecho, una vez pasado el ruido de sables de los ochenta creía que nunca vería en España la declaración de un estado de alarma, con la suspensión de algunos derechos constitucionales.

Les decía las últimas semanas que esto va para largo y no por ello nos tenemos que desanimar ni agobiar; me ratifico en esos pensamientos pues tenemos una oportunidad única de poder reflexionar sobre lo que nos interese. Es un momento único para preparar proyectos y desarrollar ideas, no debemos verlo como un problema sino como una oportunidad.

Ayer se cumplía el ciento veinticinco aniversario del nacimiento de un grande entre los grandes, Charles Chaplin. Permítanme dos breves citas suyas: “Nada es para siempre en este Mundo, ni siquiera nuestros problemas”; y la otra: “El día más desperdiciado en la vida es el día en el cual no nos hemos reído”. Sé que hay mucha gente, por lo que sea, que tiene pocas ganas de reírse, pero esta enfermedad terminará en poco tiempo y volveremos a nuestras rutinas, algo cambiados quizás, pero volveremos.

Siendo consciente de que no toca hablar de política, ya valoraremos si los gobiernos nacional y de este pequeño país lo han hecho mal o peor, pero casi por casualidad he encontrado el origen del problema de crispación social y mediocridad pública generalizada y lo he encontrado en quien, sin duda, forma parte del problema en Italia, que no es otro que Beppe Grillo, ese cómico que es político hoy, que dijo: “Los aficionados están conquistando el mundo y yo me alegro, porque son los profesionales los que han reducido el mundo a este estado” sic. No importa que citemos a Churchill si quien nos ha de resolver el problema se apellida Sánchez, Iglesias o Armengol.

Debo decir que ante la pena que me producen de manera continuada los profesionales del sector sanitario a diario por su escasez de medios y por su lucha a pecho descubierto contra la enfermedad que nos ataca y lo dan todo a sabiendas de que es muy probable que enfermen, la alegría me la ha dado el sistema educativo, público y privado, el cual con un aprovechamiento sorprendente de la tecnología para alguien de mi edad siguen, en la medida de lo posible, desarrollando su labor educativa para con nuestro futuro, los jóvenes. Ellos no salvan vidas, pero las preparan para que en un futuro cada uno de esos menores, en el puesto que le corresponda, cumpla con su obligación en las circunstancias que les toque vivir. Mi reconocimiento para los maestros.

No puedo terminar sin hacer un reconocimiento explícito al sector sanitario en el que tengo buenos amigos y gente querida, de quienes en estos momentos me preocupa su salud; a veces, cuando se ha escrito el sentimiento que uno quiere expresar, resulta más acertado copiar que cualquier otra cosa; y ese es mi caso, y para ello les dedico a todos las personas que trabajan en el sector sanitario una cita del Talmud que, además, figura en el Paseo de los Justos, dedicado a los Justos entre las naciones: "Quien salva una vida, salva al mundo entero”. Que pasen un bonito día de confinamiento.

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