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Diario de un confinado: Vuelve el chándal

sábado 18 de abril de 2020, 01:34h
Justo antes de que se decretase el estado de alarma no fui previsor, porque si lo hubiera sido, a principios de marzo me habría ido a comprar una prenda que ahora se ha convertido casi en esencial y que desde hace tiempo no tengo ya en mi armario: un chándal. Sí, el chándal ha vuelto y lo ha hecho con todos los honores y reconocimientos, aunque aún es un poco pronto para saber si ha vuelto para quedarse o no definitivamente entre nosotros.
Quienes tenemos ya una cierta edad, recordamos que el chándal seguramente vivió su momento de mayor apogeo y esplendor en nuestro país en los años ochenta. Hombres y mujeres, jóvenes y menos jóvenes, ricos y pobres, todos nos acabábamos poniendo el chándal en algún momento u ocasión. Y además casi nunca para hacer deporte. Según los variantes gustos y preferencias de cada uno, el chándal se utilizaba esencialmente para ir a comprar al supermercado, para estar cómodo en casa, para ir a pasear al perro, para cantar en un grupo de rap o de hip hop, para ver un partido de fútbol, para quedar con los amigotes en el bar o para vender determinadas sustancias estupefacientes.
A partir de los años noventa el uso generalizado del chándal fue languideciendo poco a poco, sin que llegase a ser sustituido por ninguna otra prenda. Esa decadencia se había prolongado ya casi hasta nuestros días, con la excepción puntual de algunos dirigentes políticos de otras latitudes, que en estos últimos años parecen haberse aficionado a los chándales y los utilizan igual para dar un discurso institucional en televisión que para acudir a los principales actos oficiales. En España, en cambio, pese a algunos pequeños descuidos personales en el vestir, nuestros más recientes gobernantes no han llegado nunca a esos extremos. O no al menos hasta este momento.
Ahora que el chándal vuelve a estar de moda, sobre todo en nuestras casas y en los balcones, vemos que los modelos sobrios y elegantes se están imponiendo a lo largo de esta temporada de primavera a los chándales más chillones y fluorescentes. Por esa razón, estoy convencido de que también en ese sentido los españoles conseguiremos salir finalmente adelante.
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