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Diario de un confinado: La transferencia

domingo 26 de abril de 2020, 01:00h
Esta semana hice mi primera transferencia bancaria a través del teléfono móvil, para pagar el alquiler del piso. Debe de ser verdad que para todo hay siempre una primera vez. Tras varios intentos previos fallidos a lo largo de la mañana del pasado jueves, los consejos que me dio luego mi buen hermano Joan sobre los pasos exactos a seguir fueron decisivos para que finalmente pudiera tener éxito en mi propósito inicial. Una vez hecha la transferencia, me sentía exultante y feliz, así que por unos instantes me vine arriba y me vi ya preparado para poder hacer frente a casi cualquier posible nuevo desafío que pueda surgir a lo largo del actual confinamiento.

A pesar de ese súbito —y breve— optimismo antropológico, mis dificultades iniciales de hace tres días me hicieron reflexionar sobre lo sucedido y me hicieron pensar también en que quizás debería de haber hecho mis primeras incursiones en la denominada «banca electrónica» hace ya algún tiempo, cuando me animaban a ello los empleados de mi oficina de contacto cada vez que iba a visitarles. En varias ocasiones incluso me llegaron a explicar, con sumo esmero y paciencia, cómo utilizar mi móvil para cualquier posible operación, pero aunque yo asentía y les daba las gracias por su interés, a los dos minutos de salir de la oficina normalmente ya no me acordaba de nada.

Esa falta de destreza personal con las nuevas tecnologías no me preocupaba entonces aún demasiado, pues la verdad es que me agradaba pasar por mi oficina de vez en cuando para hacer alguna gestión o para resolver alguna duda. Las personas de mi generación recordamos aún, además, que hubo un tiempo en que éramos siempre bienvenidos y en que la mayoría de los empleados incluso nos llamaban cariñosamente por nuestro nombre de pila. Y no sólo eso. En esa época, aún no demasiado lejana, las antiguas cajas de ahorros y los bancos nos hacían también regalos de todo tipo con una cierta frecuencia, desde cuberterías hasta enciclopedias, televisores o relojes de cuco.

Desde entonces, las cosas han cambiado en muchos sentidos, diríamos que no siempre para bien. Y no sólo en los bancos. Pero como me gusta ver también las cosas buenas o positivas, también es cierto que mi banco no me cobra hoy comisiones, que sé hacer ya una transferencia yo solito y que aún conservo mi antigua cubertería.
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