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54 días de arresto ¿inútil?

Por Gabriel Le Senne
jueves 07 de mayo de 2020, 05:00h
Ligero repunte de nuevos infectados en Baleares. Seguramente relacionados con la autorización del paseo de los niños. Parece probable que pronto percibamos un repunte algo mayor, derivado del deporte de los adultos (ya saben que los casos se manifiestan una o dos semanas tras el contagio).

Cosas de la Nueva Anormalidad: no podemos ir a regar las plantas a la segunda residencia ni a tomar el aire al monte, pero podemos salir a pasear, correr o pedalear todos juntos un domingo a la misma hora sin mascarilla ni nada, a echarnos bien el aliento. Sí, los más prudentes continuamos en casa tranquilos, pero no todo el mundo tiene sentido común. Basta ver los resultados electorales.

Diego Sánchez de la Cruz se hace eco del índice elaborado por la Universidad de Oxford “que mide la intensidad de las medidas de aislamiento aprobadas por los distintos países del mundo en el marco de su respuesta a la covid-19. Según este planteamiento, España figura entre los cinco países que más restricciones ha aprobado tras el estallido de la pandemia.”
El Gobierno reaccionó tarde, y reaccionó restringiendo de modo atroz nuestras libertades. A casi todos nos pareció necesario entonces. Algunos incluso lo estábamos pidiendo públicamente antes del 14M. A pesar de estas restricciones, somos el segundo país en muertos por millón de habitantes, sólo por detrás de Bélgica según cifras oficiales. En realidad, somos probablemente el primero, porque parece que en Bélgica cuentan mejor. Diversas fuentes estiman que el número real de fallecidos en España estaría por encima de los 40.000, frente a los 25.000 reconocidos. Esta estadística prueba lo tarde que actuó Sánchez: somos quienes peor han gestionado la pandemia en todo el mundo.

Pero es que además se han desperdiciado estos 54 días que llevamos de arresto domiciliario: la epidemia dista de estar controlada. El desconfinamiento parece hacerse más por complacer al pueblo -eso es el populismo- que siguiendo una estrategia seria. Cada día de confinamiento conlleva un coste elevadísimo en términos tanto económicos como sanitarios. Hay que abandonar el falso dilema entre economía y salud, porque el confinamiento implica también problemas de salud física y mental, e indudablemente muertes: el aplazamiento de intervenciones, consultas y pruebas también provoca muertes, como lo hará la depresión económica. De lo que se trata es de recuperar la actividad y la libertad cuanto antes, y con cabeza, porque lo peor sería volver a los inicios.

Hay especialistas que apuestan por la inmunidad de grupo: estiman que cuando el 60 o 70% de la población haya pasado la enfermedad, estaremos protegidos. Desde mi condición de profano, pero habiendo leído a muchos expertos, le veo varios problemas: primero, no se sabe seguro si se genera inmunidad, ni por cuánto tiempo. Segundo, no sabemos cuántos se han contagiado en esta primera oleada. Por lo que estiman algunos epidemiólogos, ni habríamos llegado al 5%. Tercero, todos los países que lo han intentado se han estrellado, salvo Suecia. Pero Suecia es un caso particular por factores como la baja densidad de población, la alta proporción de hogares individuales, su propia cultura, etc. No es extrapolable. Cuarto, están desarrollándose numerosos tratamientos, que podrían llegar antes que la vacuna. Si los nuevos medicamentos permitieran aliviar la enfermedad y que menos enfermos requiriesen UCI, el coste de intentar adquirir la inmunidad de grupo sería mucho menor que actualmente.

Por tanto, lo más razonable parece intentar contener la enfermedad. Para ello hace tiempo que se conocen las medidas: mascarillas (no entiendo por qué no son obligatorias), higiene, testeo abundante, no racionado e infrautilizado como ahora, rastreo y aislamiento de contactos de positivos. Con la potencial ayuda de aplicaciones tecnológicas. Y por supuesto, todas las medidas de protección en los centros sanitarios. Con ello podríamos recuperar gran parte de la actividad económica y de nuestra vida. Sin ellas, el confinamiento no habrá servido más que para arruinarnos. Necesitamos un Gobierno capaz dedicado a la gestión, en lugar de uno autoritario dedicado a la propaganda.
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