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Diario de un confinado: En recuerdo de un amigo

sábado 09 de mayo de 2020, 03:00h
Esta semana murió de coronavirus un antiguo compañero mío de trabajo de mi etapa como coordinador de vuelo de Iberia en Son Sant Joan. Su nombre era Carlos León. Tuve la inmensa suerte de trabajar con él en los años noventa. Era educado, afable, siempre respetuoso y un excelente profesional. Ya sólo el mero hecho de coincidir con Carlos y con otros grandes compañeros en cualquier turno, te ponía de buen humor. Siempre que tuve alguna duda y acudí a Carlos, obtuve invariablemente la mejor respuesta posible.
La muerte nos quita lo que somos en sentido físico y lo que hubiéramos podido llegar a ser, pero nunca lo que fuimos. Y Carlos fue, por encima de todas las virtudes ya reseñadas, una buena persona. Y eso no desaparecerá jamás de la memoria de quienes le conocimos personalmente. Seguramente, no haya nada tan valioso en este mundo como ser una buena persona, una condición humana que, al mismo tiempo, a veces resulta algo difícil de encontrar. Quizás por ello me acordaba de Carlos y de otros buenos compañeros como él con una cierta frecuencia, a pesar de que hace ya dos décadas que dejé de trabajar en el aeropuerto. Ahora sabía, por ejemplo, que Carlos era el actual delegado de Acciona en Son Sant Joan.
Cuando los años de nuestra vida van pasando y a pesar del tiempo transcurrido —o de la distancia— te sigues acordando con afecto de una persona, te das cuenta de que todo lo que fue y todo lo que hizo sigue siendo igualmente válido y enriquecedor en el momento presente. En ese sentido, consideraré siempre a Carlos no sólo como un gran compañero, sino también como un buen amigo. Ojalá hubiéramos podido coincidir alguna vez en estos últimos años. Le hubiera dicho que, aunque él no fuera consciente de ello, me ayudó a ser mejor persona.
En aquellos lejanos años noventa, casi todos veíamos entonces el porvenir con optimismo, con esperanza, con ilusión. Es cierto que, en el fondo, nunca sabemos cómo será el futuro, pero también es verdad que nosotros podemos ayudar, al menos en parte, a escribirlo. Ahora podemos, por ejemplo, recoger las enseñanzas y el ejemplo de Carlos y de otras grandes personas que nos han dejado estos días y recordarlas siempre. Descansa en paz, Carlos. Nunca olvidaremos todo lo bueno que de ti siempre recibimos.
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