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Este país lo paramos unidos

jueves 14 de mayo de 2020, 06:00h

Tenemos al frente del país a dos psicópatas. No insulto, querido lector: estoy intentando ser preciso. Mucho se ha escrito sobre la psicopatía de Pedro Sánchez, incluso por psiquiatras. Cómo miente sin reparo (ya desde la tesis cum fraude, o incluso antes, desde el intento de pucherazo en el PSOE en 2016), cómo mira -o evita mirar- cuando se le dirigen en el Congreso, o cómo aprieta la mandíbula cuando le contrarían. Últimamente roza lo excelso en ocasiones como la de la CNN y el falso informe de la Johns Hopkins, “ahí tienen los datos”, que causa perplejidad en medios internacionales no acostumbrados al nivel de la política española, o sus “ya hemos dado cumplida respuesta”, cuando pasa olímpicamente de responder una pregunta.

En cuanto a Pablo Iglesias, su ansia de poder tampoco parece tener freno moral. Todos podemos ser fans de Juego de Tronos, pero sin pretender aplicar la serie a la vida real. Ahora toma de referencia al Joker. De Iglesias tenemos prueba audiovisual en abundancia: “que haya medios privados ataca a la libertad de expresión”; el periodismo es “un arma que sirve para disparar”; exigir ante todo una televisión a cambio de aceptar un pacto con el PSOE (“reformistas, traidores, protroika”); “yo soy comunista”; “el término democracia mola y por eso lo tenemos que disputar”… Grandes perlas que conviene refrescar de vez en cuando. Iglesias sólo engaña a quien quiere ser engañado.

La gestión de la epidemia está siendo desastrosa. Récord mundial en muertes per cápita, porcentaje de sanitarios infectados y confinamiento más estricto y prolongado. Al comienzo, pasamos de un día a otro de no tener medida alguna al arresto domiciliario más absoluto, prueba de que se reaccionó muy tarde. Asistimos a compras de material chapuceras y sospechosas, mientras la escasez persiste, y mientras las empresas españolas continúan exportando, sorprendidas de que nadie les diga nada. Por no hablar de que nos tienen racionados los test, algo inconcebible. ¡Si deberían dar todas las facilidades para que quien quiera se lo haga, y más si está dispuesto a pagárselo! Y las absurdas normas de la desescalada, que ya veremos a dónde nos conducen.

Peor aún es la gestión económica. No sólo han sido incapaces de adoptar medidas eficaces de alivio, sino que las que toman parecen dirigidas a agravar el problema. A los ERTEs añaden la obligación de mantener 6 meses a todos los empleados. Encarecen los despidos, como si los empresarios, ante esta crisis, despidieran por gusto. Tras tener los aeropuertos sin control durante el confinamiento, ahora imponen una cuarentena a los turistas. Y a los comercios, les prohíben las rebajas. O no, que ahora leo que rectifican. Qué más da, si nadie sabe ya nada ni se puede cumplir nada. Para rematar, preparan más impuestos “a los ricos”.

En cualquier momento, pero ahora más que nunca, lo que la economía necesita es precisamente flexibilidad: poder tomar decisiones con rapidez y sin burocracia que alargue tiempos y añada costes. Eliminar o rebajar seriamente el salario mínimo, facilidades para contratar y despedir trabajadores, para abrir o cerrar la empresa en vista de los acontecimientos. Incentivos para atraer inversiones y visitantes en cuanto se pueda. Bastantes incertidumbres tenemos ya para añadir las legales. Pues nada, todo lo contrario. A muchos no les queda sino la economía sumergida.

Unirse tras este Gobierno es suicida. Parafraseando al mismo PSOE que pide unidad, “el Gobierno de España, ejemplo de gestión ineficaz e irresponsable ante la crisis del COVID”. Son como los marcianos de Mars Attacks, que gritaban “no huyáis, somos vuestros amigos” mientras disparaban a discreción.

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