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Un día gris en mayo

sábado 16 de mayo de 2020, 02:00h

Los días grises seguramente no son ni buenos ni malos. El hecho de que nos gusten o no tal vez dependa sobre todo de nuestro carácter, de nuestra manera de ser, de nuestras circunstancias. Normalmente, los días grises suelen acompañarnos de manera puntual desde finales del otoño hasta principios de la primavera. Durante ese periodo de tiempo, dichos días suelen ser bienvenidos de forma especial cuando en nuestro propio espíritu necesitamos algo de recogimiento y de reflexión.

A veces, los días grises son sólo así, grises, sin más. Otras veces, aparecen acompañados por el viento, por la lluvia o incluso por la nieve, sobre todo durante el invierno. Un día gris es un buen día para estar en casa, leyendo, trabajando, mirando una película o sencillamente contemplando el cielo desde la ventana. Un día gris es también un buen día para pasear o para quedar con una persona amiga en un café, sobre todo ahora que ya podemos hacerlo de nuevo. También cabe la opción de estar uno solo en ese mismo café, a unos dos metros de distancia hoy de otras personas desconocidas, mientras notamos cómo poco a poco nos va embargando una suave y dulce melancolía.

Los días grises acaban llamando nuestra atención también en el arte, cuando los vemos reflejados en una fotografía en blanco y negro o en un cuadro de un pintor realista. Entonces, solemos sentir una especie de afinidad espiritual con sus autores, porque nos reconocemos como integrantes de un reducido grupo, casi secreto, de seres esencialmente nostálgicos. Los componentes de ese grupo seguramente nos sentimos por ello algo reconfortados el pasado jueves, en que el día estuvo algo nublado y lluvioso en Palma.

Las personas que no forman parte de ese grupo y que no suelen disfrutar con los días grises, posiblemente sintieron hace dos días un desasosiego inesperado o no previsto en su ánimo o en su espíritu, porque lo normal a estas alturas del año debería de ser que el cielo estuviera casi todos los días despejado y que luciera siempre el sol, algo que, por cierto, también nos gusta especialmente a los nostálgicos.

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