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El “Principio de Pedro y Pablo”

sábado 23 de mayo de 2020, 09:45h

Me alineo con los que opinan que las actuaciones del gobierno social comunista son francamente mejorables, vaya, que son deficitarias. Para ser claro, comparto las posturas alineadas con la visión de manifiesta incompetencia del ejecutivo.

En la forma y en el fondo. En la forma, por ser un gobierno fruto del reparto de poder y orientado a mantenerlo. Sin objetivos claros, exento de un programa común y que orienta las decisiones a su supervivencia. Todo lo demás, y todo es todo, le importa más bien poco.

En el fondo, porque está forma de gobernar, a lo que más se parece es a un zoco. Da lugar a que se ejecuten, sistemáticamente, acciones vinculadas a intereses minoritarios a cambio de apoyos fugaces, previo pago. Agrupaciones temporales de partidos que tienen en común, de forma mayoritaria, el desapego a España como proyecto común.

En realidad, no sorprende que sea una tarea difícil estabilizar y dinamizar un gobierno de perdedores, con una frágil mayoría en manos del mejor postor.

Si sorprende la falta de coherencia en las acciones de gobierno, las continuas improvisaciones, la futilidad de las posiciones solventes; incluso la ausencia de consenso en las actuaciones de estado, en demasiadas ocasiones, debilitadas por el desconocimiento y la estulticia.

Lo que si sorprende, es la apariencia del uso y abuso del poder, con los instrumentos que aporta el estado de alarma, para imponer intereses no generales.

Si sorprende que las energías se disipen en encarnizados pulsos en el propio seno del gobierno, destinados a imponer propuestas radicales y no compartidas. De hecho, raro es el día que no se hagan públicas situaciones contradictorias e hilarantes protagonizadas por algún ministro. La penúltima, la veleidad de la inefable Adriana, con Bildu y Podemos, en temas de mucho calado social y económico, que lastra la credibilidad de un ejecutivo de ocurrencias y poco creíble que está agotando la confianza de los ciudadanos.

A medida que pasan los días, el comportamiento del gobierno se puede explicar por la aplicación en política, del principio descrito en la empresa, como el conocido “Principio de Peter”; en este caso el “Principio de Pedro y Pablo”. En la obra de los laureados Laurance J. Peter y Raymind Hull, se describe el proceso de ascenso de un trabajador competente hasta que es catapultado a su nivel de incompetencia. Pedro y Pablo mostraron aptitudes, resistencia y altas capacidades para hacerse con el poder en la “selva” de sus propias formaciones. Desarrollaron potentes habilidades en su labor de oposición política. En ambas funciones fueron altamente competentes. Sin embargo, en sólo tres meses, han dilapidado estrepitosamente todo el capital acumulado en su camino hacia las altas jerarquías del Estado, mediante un liderazgo radicalizado y patológico y apoyados en equipos mediocres e insolventes. En la escalada, en la desescalada... y en el llano. Buen finde.

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