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Coto a los excesos

viernes 17 de julio de 2020, 07:18h

El Govern ha sido inmisericorde y en una medida sin precedentes ha decretado el cierre de todos los negocios de cinco calles de Mallorca conocidas por sus excesos: Punta Ballena, General García Ruiz y Federico García Lorca en Magaluf y la calle de la Cerveza (Miquel Pellisa) y la del Jamón, en Platja de Palma.

Con tono duro y contundente, el conseller de Model Econòmic, Turisme i Treball, Iago Negueruela, advertía que el turismo de borrachera ya no tiene cabida en la comunidad. "No queremos turistas así, que no vengan", aseveraba ante los medios de comunicación.

Por su parte, la consellera de Salut, Patricia Gómez, aseguraba en una extensa entrevista con mallorcadiario.com, que la medida era irremediable ante una suma de "inquietantes" imágenes que habían circulado por las redes sociales. "No podemos poner un policía detrás de cada turista para evitar que esto ocurra y por desgracia, es muy fácil que se concentren 20 o 30 personas en un segundo, hagan un burrada y la suban a Internet. No queremos esa imagen de Baleares fuera. Por tanto, si con un decreto de excesos, un decreto ley de sanciones y operativos constantes, el nivel de desobediencia es tan extremo, tan ingobernable, no te queda más remedio que ser tajante", afirmaba.

Dos voces claves en el Govern y en la gestión de la crisis del coronavirus que evidencian la mano dura que regirá este verano ante los desmanes de turistas nacionales o internacionales y residentes insensatos. Las distancias interpersonales y las mascarillas no son un capricho: son una necesidad para evitar un escenario como el de marzo. Además, como recuerda la consellera Gómez, las aglomeraciones y desfases trasladan una imagen de destino inseguro que ahuyenta a los turistas responsables, que son la inmensa mayoría.

Por ello, es vital no bajar la guardia y ampliar el radio de prevención a otras zonas turísticas también afectadas por visitantes conflictivos, como s'Arenal de Llucmajor. Allí, como cada año, se concentran numerosos grupos de jóvenes venidos de la Península para celebrar el fin de curso. Sus vacaciones ya están dejando preocupantes escenas de botellones y juergas de madrugada, sin guardar las distancias ni llevar mascarilla.

Inquietantes hábitos que, además, se suman a otros como la falta de civismo y el total desprecio por el descanso de los vecinos. El Govern y las Fuerzas de seguridad deben mostrar la misma mano dura que en otras áreas o las imágenes de turismo de borrachera, independientemente de la nacionalidad, continuarán circulando por las redes.

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