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La tormenta perfecta

sábado 18 de julio de 2020, 06:00h

Negueruela y Armengol ya tienen lo que llevaban años soñando y no sabían como acometer: Punta Ballena, la Calle del Jamón y la Calle de la Cerveza han sido aniquiladas, borradas del mapa como si hubieran sido bombardeadas por un F-16 de última generación.

Ha tenido que ser la alarma sanitaria la que les ha dado el empujón que les faltaba para asestar el golpe. “Si no les gusta, que no vengan”, es la frase estudiada y preparada para lanzar el titular populista que buscaba el Govern.

Nadie quiere en Baleares turistas que protagonicen las imágenes del pasado fin de semana que nos han llevado a esta situación. Ni la izquierda, ni la derecha, ni los hoteleros, ni los empresarios de la noche, ni las grandes empresas de ocio. Nadie.

Sin embargo, con tanta decisión a golpe de titular, quizás usted no haya reparado en un gran detalle que parece no interesar que sea subrayado: el imbécil borracho que saltaba el viernes encima de un coche en Punta Ballena no salía de una discoteca; están todas cerradas. Al que no queremos es a él, al resto, sí.

Aquí está la incógnita de la ecuación, fácil de resolver: si los actos vandálicos se producen en la calle, si son protagonizados por turistas descerebrados hospedados en hoteles y traídos por touroperadores ávidos de ingresos, si los hoteles tienen prohibido el ‘todo incluido’ en la zona desde este año, si hay una ordenanza municipal que prohíbe según qué actos en la calle, y si las discotecas están cerradas, ¿Las discotecas -o sea, ‘la noche- son las culpables de lo que ha sucedido esta semana?. Si no lo son, ¿lo eran en los años anteriores?. ¿Es un problema empresarial o de orden público?

Viene a ser una evidencia que dejar abrir este verano las discotecas era un riesgo a asumir o no, pero como tantos otros. El sector disponía de mecanismos suficientes para intentarlo. No se les ha escuchado y no han abierto. Salir a la calle quizás no era el mejor camino para conseguir que el Govern cambiara de idea, porque no lo va a hacer. Al menos se ha escuchado su voz.

Lo que irrita es ver como el Govern sigue con su cruzada contra la noche.

Primero señaló con el dedo acusador al ‘todo incluido’ con una ley de excesos que esta semana hemos visto que no servía para nada, salvo para acusar de malas prácticas a unas zonas determinadas. Este año, con muchos menos turistas y con todo cerrado, el incivismo ha vuelto. Los empresarios, pues, no son los culpables. Ellos y sus miles de trabajadores están en su casa castigados.

“Si no les gusta, que no vengan”. Van a venir igual porque el Govern no puede decidir que en Mallorca sea de día las 24 horas, y que los turistas solo vengan con gafas de sol para el día, y a dormir por la noche. Eso no será nunca así, salvo que queramos que esto se convierta en un páramo.

Por tercera vez en este artículo lanzo el hecho de que los actos vandálicos e irresponsables se han dado con las discotecas cerradas a cal y canto, y en plena calle que es donde se producen siempre. Por tanto, el problema ha sido, es y será policial, de orden público. No de un sub-sector turístico que “no nos gusta” (dixit Negueruela). Atentos a 2021.

Es más fácil prohibir que trabajar y legislar.

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