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¿Cómo van esos celos?

jueves 13 de agosto de 2020, 09:01h
Emociones y sentimientos. De eso estamos hechos y así somos. Cuantas veces decimos y que mal aceptamos el no tener palabras para comunicar lo que sentimos y cuantas veces lo vivimos como un rechazo o como una incomprensión. Las palabras no son imprescindibles para expresar las emociones, pero en cambio los sentimientos difícilmente se pueden comunicar si no se traducen en palabras. Pero hay mucha ignorancia en el laberinto sentimental de lo que se deriva el tótum revolútum del léxico emocional que utilizamos. Muchas personas desconocen que sufren de alexitimia que es una incapacidad para darse cuenta, expresar y comunicar sus sentimientos. Cuantos malentendidos sociales y de pareja son debidas a la ignorada alexitimia. Muchas veces la crítica “es que nunca ha sido cariñ[email protected]”. Las emociones tienen lugar en el teatro del cuerpo y los sentimientos en el teatro de la mente, como dice el neurocientífico Antonio Damasio.

Las emociones primarias, como la ira, la tristeza, la alegría, el asco, el miedo y la sorpresa son fácilmente reconocibles en los seres humanos y en muchos animales. Ya ven no olviden que descendemos de un mono asesino. Aunque resulta más complicado, también son identificables las llamadas emociones sociales, como los celos, la envidia, la gratitud, el orgullo o la admiración. Pero los sentimientos se caracterizan por ser invisibles, personales e intransferibles.

Somos únicos y nuestra singularidad e identidad vienen dadas por lo que sentimos. Los celos son afectos constitutivos del ser humano. No hay ser viviente que no los haya experimentado. Conviene reflexionar sobre ello porque es una de las emociones que más connotación negativa tiene.

Cuando el ser humano nace forma una relación de total dependencia con su madre. Como no puede procurarse solo alimento ni seguridad forma una unidad con su madre. Luego, a medida que se crece, el otro es distinto a uno, pero hay una construcción de uno mismo a través de la mirada de ese otro y, además, la necesidad de alimento y de afecto continúa y el deseo es que quien la provee, generalmente la madre, lo haga en forma permanente. Entonces, aparece un hermano que también quiere lo mismo, o un papá, y esa ilusión de que el otro esté siempre con uno y nos pertenezca se hace añicos.

Esta claro , los celos existen. Y no siempre son malos.

"Hay celos motores, que tanto en una pareja como en otros vínculos pueden contribuir a mejorarlos -advierte la psicóloga M. Pugliano-. "La presencia de un tercero real o imaginario genera una situación de «alarma» y eso es normal, porque de lo contrario no habría interés en el otro”, sostiene el terapeuta Buero. Por eso son controladores, vigilantes, asfixiantes, inseguros, depresivos y siempre dependientes. El pacto secreto que construyen es: «Te doy todo, pero dame todo, si no, serás mala y deberás ser castigada.» De allí a la violencia hay un solo paso y, si bien es más frecuente de parte del varón, eso no indica que los celos enfermizos sean más habituales en ellos." Así, la dialéctica celotípica transforma la vida en una tragedia."

De los celos patológicos no se sale sin ayuda profesional -asegura Pugliano-. El celoso siente angustia y su peor enemigo es su propia imaginación. Si es un varón, duda de su paternidad, tiene celos de la familia, de los amigos, de los compañeros de trabajo, imagina toda clase de traición, persigue y controla. El celado siente asfixia. Tarde o temprano, el vínculo se deteriora. Y no es nada fácil poner fin a la relación con alguien enfermo de celos, porque la conducta habitual es demostrarle que si no está con él (o con ella) se moriría y hasta sería capaz de matar si es dejado o dejada."

Todos somos celosos porque todos nacemos con dos miedos: a la pérdida y al ataque. No todos vivimos con la angustia del miedo a la pérdida, pero el celoso sí mantiene ese temor. La capacidad de admitir la existencia de otro (como distinto de uno mismo) derriba la ilusión de ejercer un control absoluto sobre esa persona, terreno fértil donde crecen los celos más “enfermizos y enfermantes”.

Está claro para que los celos existan siempre hacen falta tres. El triángulo está formado por el celoso, el objeto de amor o de interés y un rival, que tiene que ser igual o mejor que el celoso. Las fronteras de los celos van mucho más allá del amor de pareja. Pueden aparecer entre hermanos, amigos, en el trabajo. Ambos psicólogos sociales dicen que ser celoso en una relación no asegura serlo en todas, y que hay vínculos que pueden favorecer más o menos los celos que otros.

Para los celos no hay épocas, de lo contrario, Shakespeare no hubiera escrito Otelo hace 500 años, pero actualmente en especial entre las parejas más jóvenes, algunos códigos han cambiado: Muchas veces los celos se acompañan de intensos sentimientos de inseguridad, autocompasión, hostilidad y depresión dañando la calidad de vida de los integrantes de la pareja llegando a ser muy destructivos

Los celos patológicos son una gran prueba de estrés para los vínculos afectivos, a los que deteriora, fragmenta y destruye como una carcoma que no para. Todo ello conlleva un gran sufrimiento y amargura a la pareja, con altos grados de malestar emocional que también repercute en la salud mental y física de los hijos.

Hay que buscar la ayuda.

Recuerden y mas ahora y en estos tiempos recios , en derrota transitoria pero nunca en doma.
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