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Camiseta obligatoria

Por Pep Ignasi Aguiló
martes 08 de septiembre de 2020, 06:00h
Sería muy conveniente que, este próximo otoño-invierno, el Govern se planteara seriamente el uso obligatorio de la camiseta para toda la población, los días en que el termómetro desciende por debajo de una determinada temperatura que podría variar dependiendo de las franjas de edad de cada colectivo. Para ello tendría que dictar los oportunos protocolos y publicitarlos, no sólo en los medios habituales, sino también a través de la megafonía de los coches y motos de las patrullas policiales, desde los helicópteros de vigilancia o mediante altavoces de nueva instalación. Por supuesto, la locución seria exclusivamente en catalán con una agradable, aunque contundente y autoritaria, voz femenina.

Ciertamente, tan pronto comiencen a descender las temperaturas aumentará el riesgo de contraer resfriados, que en los casos extremos pueden convertirse en gripes. Una dolencia que en plena pandemia de coronavirus se vuelve especialmente inconveniente, pues además de que muchos de sus síntomas se pueden confundir, sobre todo, resta efectivos humanos y recursos materiales para combatir el Covid-19. El Govern, como parte de su responsabilidad en la lucha contra el maldito bicho, también tiene que estar atento al del constipado común.

El resfriado es una infección viral de la nariz y la garganta, es decir, del tracto respiratorio superior. Se trata de un virus que puede propagarse a través de gotículas que entran en el cuerpo por la boca, la nariz o los ojos. También lo puede hacer por el contacto mano a mano, o a partir de objetos contaminados, de alguien contagiado.

Entre los factores de riesgo está la edad, las enfermedades crónicas previas, el tabaquismo, la mayor exposición (pasar más tiempo en espacios cerrados compartidos) y, de forma especial, el debilitamiento corporal ligado a las bajas temperaturas que provocan una disminución de las defensas inmunológicas. Para evitarlo es importante lavarse las manos con frecuencia, eludir el contacto con personas afectadas, así como abrigarse de forma suficiente. Y es aquí donde entran en juego las camisetas, pues su simple uso contribuye a mantener en mejores condiciones el sistema inmunológico.

Como seguramente los más jóvenes serían los más reacios a la utilización de esta prenda, por motivos de moda, estéticos o de inconsciencia, el Govern tendría que vigilar a este colectivo con particular atención. Además, suelen ser los más propensos a saltarse las normas dictadas de forma rápida e improvisada. Una actitud que los convierte en responsables esenciales de la difusión del inconveniente resfriado. Dado su bajo poder adquisitivo también habría que diseñar un reglamento punitivo que genere una disuasión efectiva y real de tales actitudes, evitando que las sanciones se trasladen a sus progenitores.

La camiseta obligatoria no terminará con los catarros, pero ciertamente, puede ayudar a disminuir su incidencia. Por lo que en un momento tan grave como el actual parece estar sobradamente justificado, que, dentro del creativo abanico de nuevas normas dictadas por los ejecutivos autonómicos, se incluya el uso de esta pieza de ropa interior que tan solo resta una mínima libertad de vestimenta.

Desde luego, todo lo dicho nos puede parecer una absurda ocurrencia, pero no hay que descartar que serían muchos los que aceptarían la nueva obligación como una medida más en consonancia con otras muchas. Con la gran ventaja que muchos responsables gubernamentales podrían sentir que sus puestos de mando quedan más justificados. Esta es la sociedad y la política que tenemos.
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