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Estado de Sánchez

Por Gabriel Le Senne
jueves 29 de octubre de 2020, 06:00h

“Señor Sánchez: (…) Le hemos concedido las competencias extraordinarias de un estado de alarma, que ya es más un estado de excepción encubierto. (…) ya ha excedido con creces su alcance constitucional. Aun así, hoy vamos a votar a favor por sentido de Estado”. Pablo Casado, 1 de abril de 2020.

Efectivamente, el estado de alarma es un régimen excepcional que permite al Gobierno “limitar la circulación o permanencia de personas o vehículos en horas y lugares determinados, o condicionarlas al cumplimiento de ciertos requisitos” (art. 11, LO 4/1981). Para suspender derechos fundamentales, es preciso declarar previamente el estado de excepción, no el de alarma.

Así lo declaró el Tribunal Constitucional en la STC 83/2016, sobre el recurso de amparo presentado en su día por los controladores aéreos, tras la declaración del primer estado de alarma en la historia democrática de nuestro país: “a diferencia de los estados de excepción y de sitio, la declaración del estado de alarma no permite la suspensión de ningún derecho fundamental (art. 55.1 CE contrario sensu), aunque sí la adopción de medidas que pueden suponer limitaciones o restricciones a su ejercicio”.

Recordemos que todos tuvimos prohibido durante tres meses salir de nuestras casas, con ciertas excepciones. Cualquiera diría que eso es suspender la libertad deambulatoria (art. 19 CE), y parece que el Sr. Casado estaba de acuerdo en que esa medida habría requerido el estado de excepción. Aun así, votó a favor, ante la política de hechos consumados de Pedro Sánchez.

VOX interpuso un recurso de constitucionalidad frente al decreto del estado de alarma, sin que aún sepamos nada del Tribunal Constitucional. Tendrán cosas que hacer. Recuerdo cómo cuando el 1-O resolvían todo diligentemente en tiempo récord, gracias a Dios. Pero los asuntos incómodos tienden a traspapelarse, como aquel recurso contra la ley del aborto que lleva diez años aparcado. A estas alturas, cualquiera se atreve a declarar la inconstitucionalidad del anterior estado de alarma, con las consecuencias patrimoniales que podría generar para el Estado.

Ya no importa: ya estamos en la siguiente fase. Sánchez va estirando incesantemente las costuras de normas e instituciones. Ahora plantea una prórroga de seis meses, seis, del estado de alarma, cuando de la norma cabe deducir que la prórroga no puede superar el plazo inicial, de quince días, y así lo entendió él mismo entre marzo y junio. Hasta algún autor opina que no cabría más que una sola prórroga (este posible límite ya lo superamos ampliamente en la anterior ocasión). Por no hablar de que al haber otro estado de alarma en vigor (el declarado contra Madrid), declarar otro podría constituir un fraude de ley. Y en estas sale el nuevo líder del centro, Pablo Casado, y dice que ¡ocho semanas como mucho! O sea, saltémonos la norma, pero con moderación.

En la moción de censura, Casado se situó en el centro equidistante entre Sánchez y Abascal, y llamó a socialdemócratas y regionalistas a unirse al PP. Está en su derecho y tiene cierta lógica ante la irrupción de VOX. Lo que está feo es unirse al coro que insiste en etiquetar a VOX como franquista, machista, racista, homófobo, y, lo que vendría a ser el resumen de todo ello, fascista. Pero Casado lo hizo cuando dijo “entre la nación de naciones y la España grande y libre hay un espacio” o lo de “hables lo que hables, tengas el color que tengas, ames a quien ames”. Cuando VOX sólo propone derogar las leyes ideológicas del PSOE, como proponía el antiguo PP. Pero aún más feo es tolerar que el Gobierno vaya derogando la Constitución por la vía de hecho.

La consecuencia es que el Gobierno tendrá la facultad de suspender derechos fundamentales durante quince días más el plazo que quiera con el aval de una mayoría simple del Congreso.

Tres días después de la moción de censura en la que el Congreso le ratificó, el Presidente del Gobierno pide un cheque en blanco para evitar el control parlamentario y el control judicial a las medidas que se decreten.

“El Estado soy yo”, decía Luis XIV. “El Estado es mi Persona”, dirá a este paso Pedro Sánchez. La Ciencia, con mayúscula, también es él. Y nos informa de que no estamos ante un toque de queda, sino ante una “restricción nocturna a la movilidad”, en “expresión más contemporánea”. El Dr. (?) Simón, por su parte, no da la lista de expertos porque no vale la pena, que es muy larga. Sólo les falta partirse de risa en directo.

Y como guinda, el PSOE firma un manifiesto por la democracia y contra VOX con Podemos, Bildu et al. mientras Monedero publica un tuit diciendo que “si hay menos fascistas en Euskadi es porque la gente de izquierda les ha plantado cara (…) Contra el fascismo hay que mancharse las manos.” O sea, alardea de que el terrorismo haya expulsado a miles de vascos… fascistas, claro. ¿De qué querrá mancharse las manos?

Nos está quedando una dictadura estupenda. Perdón, usemos una “expresión más contemporánea”: una República Democrática Popular.

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