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Morir dos veces

viernes 30 de octubre de 2020, 04:00h

Se dice que uno muere físicamente una sola vez y vuelve a hacerlo de forma definitiva cuando pasa al olvido.

Supuestamente, ese engendro sectario de la llamada 'Memoria Histórica' debiera servir precisamente para recuperar la de las víctimas inocentes de nuestra Guerra Civil en la que, pese a los intentos denodados de la izquierda por reescribir la realidad y convertirla en un cuento simplista de buenos y malos, ocurrió lo mismo que sucede en todas las guerras, es decir, que las víctimas civiles, aquellas que ni siquiera fueron activistas de uno u otro bando, son perpetuamente olvidadas por todos, abundando en el dolor de sus familiares y amigos.

Josep Lluís Bauzá, brillante regidor en la oposición del Ajuntament de Palma encuadrado en el grupo municipal de Cs, presentó ayer en el pleno una proposición cargada de sentido común para, al igual que promueve la izquierda con las víctimas del bando nacional y de la posterior represión franquista, recuperar la memoria de quienes, como simples civiles sin adscripción alguna, fallecieron víctimas de los bombardeos de la aviación republicana sobre poblaciones de Mallorca.

El historiador Massot i Muntaner cifra en unas 150 las víctimas civiles de esos bombardeos, entre ellas, 35 niños.

La proposición dejó tan descolocada a una izquierda acostumbrada a patrimonializar el papel de víctima de la contienda, que el alcalde, José Hila, y su concejal Llorenç Carrió la tildaron de "intento de dividir a la ciudadanía". Cree el ladrón que son todos de su condición. Hace falta presencia de ánimo y nulos escrúpulos para soltar esta cruel majadería sin sonrojarse. Quienes llevan más de una legislatura abonando el terreno de la fractura social y del guerracivilismo para remover el pasado creyendo que eso beneficia a sus espurios intereses, acusan al resto de los ciudadanos, que simplemente quisiéramos que todas las víctimas, las de ambos bandos, fueran objeto de homenaje y motivo de reconciliación, de ser los promotores de una "división social".

Hila, fiel a su enana talla política y moral, dejó pasar una vez más la oportunidad de ser alcalde de todos los palmesanos para ser el incompetente vocero del resentimiento más canalla.

Porque es importante que nuestros jóvenes, aleccionados en esta historia prefabricada en el laboratorio progre, sepan que crímenes y represión los hubo en ambos bandos y que bombardeos sobre población civil, también.

Y, al contrario de lo que muchos creen, los hubo en Balears, y no pocos. Además de todos los asesinatos de civiles perpetrados por los republicanos en Menorca y Eivissa, los aviones de la hoy idealizada II República visitaron en diversas ocasiones Mallorca para lanzar sus proyectiles sobre Palma y algunas otras poblaciones. Y no hablamos del bombardeo por error de casas cercanas a instalaciones militares o logísticas, como los aeródromos de Son Sant Joan o Son Bonet, los depósitos de Campsa o el puerto de Palma, sino de bombardeos sobre áreas de la ciudad sin interés militar alguno, por el puro placer de matar a quien se supone que es el enemigo, aunque siegues la vida de 35 niños. Todo muy heroico y redentor del proletariado.

Ni siquiera podía hablarse en los iniciales compases de la guerra de una venganza por los raids de la aviación legionaria basada en Mallorca sobre ciudades bajo dominio republicano, porque las primeras víctimas mallorquinas cayeron mucho antes de llegar a la isla los bombarderos Savoia y cazas Fiat desde Italia, que luego castigarían sin descanso el Levante español. Se trata, sin más, de crímenes de guerra de los republicanos, como los que ellos mismos perpetraron en noviembre de 1938, con la guerra ya perdida, sobre Cabra (Córdoba), población sin ningún interés militar, causando 109 víctimas civiles en una sola incursión; o como el llevado a cabo por la Legión Cóndor sobre Guernica, que causó otras 126 víctimas. Curiosamente, este último pasó a la historia -no solo por el desgarrador cuadro de Picasso-, mientras que las víctimas cordobesas permanecen entre el olvido y la negación, seguramente por el sentimiento de culpa de quienes comparten credo político con sus verdugos.

Avergüenza a cualquier persona cabal el nivel al que han caído quienes gobiernan Palma. No me cabe la más mínima duda de que, si viviera, un hombre justo, de izquierdas y decente como lo fue nuestro último Alcalde de la II República, el Dr. Emili Darder, cobardemente asesinado por los sicarios de los sublevados, sentiría hoy una enorme tristeza.

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