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Cerebro, poder y política

Por Sebastián Urbina
miércoles 18 de noviembre de 2020, 03:00h

La empresa de biotecnología Bluetooth, presentó este viernes un dispositivo «wearable» -vestible, en español- del tamaño de una moneda que se implantará en el cráneo y que concederá una mayor potencia cognitiva a sus usuarios. (J.M. Sánchez/ABC/29/8/2020).

Empecemos hablando de ‘manipulación’.

La manipulación de animales y plantas es muy antigua. Se dice que la agricultura apareció hace unos 20 o 30 mil años. Desde entonces, la manipulación- principalmente en manos de mujeres ya que los hombres eran cazadores- ha sido constante. Entonces ¿por qué nos preocupa la manipulación actual?

Porque la manipulación es genética. La ingeniería genética puede manipular los propios genes. Esto es nuevo y asusta porque parece ‘poco natural’. Para mucha gente la manipulación genética es un peligro. ¿Para qué? Para la salud de los humanos.

La patata fue introducida en Europa (1560) por Pedro Cieza de León. Inicialmente se consideró una rareza, y fue utilizada por las clases altas para adornar sus jardines. En el siglo XVII empezó a comerse la patata por lo humanos y antes se utilizó como alimento para el ganado. Aunque no fue fácil la aceptación generalizada de la patata para el consumo humano. Había desconfianza.

Las innovaciones no siempre son fáciles de implantar. Pero ¿está siempre justificado el rechazo? ¿Pasará ahora lo mismo que ha pasado siempre, o casi siempre? Probablemente estemos ante una nueva situación, aunque los humanos de antes decían lo mismo. Sin embargo, la manipulación genética actual, abre horizontes insospechados y extraordinarios. Para mejorar la salud- lo que, probablemente, no provocará muchas resistencias- pero también para el mal. Y problemáticas situaciones intermedias.

Pongamos un ejemplo para darnos cuenta de que no sirve decir ‘siempre han sucedido lo mismo’. Desde los inicios de la humanidad ha habido enfrentamientos. Violencia. Se han usado multitud de artilugios. Piedras, cuchillos, flechas, arcabuces, ametralladoras, cañones, etcétera. Algunos dirán que siempre es igual. Sólo cambia el artilugio. No.

En algún momento se puede producir un gran salto cualitativo. Es el caso de la bomba atómica. Es cierto de que trata de un arma. Pero no es como la ametralladora. Una guerra en la que se utilicen cañones no eliminará la vida en el planeta tierra. Una guerra con bombas atómicas, sí. Y con esto llegamos al final. Ya podemos volver al principio.

Ya hay tecnología suficiente para implantar una especie de chip en el cerebro. La Real Academia Española, dice: ‘Pequeña pieza de material semiconductor que contiene múltiples circuitos integrados con los que se realizan numerosas funciones en computadoras y dispositivos electrónicos’.

No tengo encuestas, pero creo que asusta que se pueda instalar un microchip en el cerebro que aumente enormemente nuestra potencia cognitiva. ¿Por qué asusta?

Desde hace milenios se podía aumentar la capacidad cognitiva por medio de la lectura, la reflexión, el diálogo, o- según algunos- apelando a entes sobrenaturales. Mejorar la capacidad cognitiva fue, durante muchísimo tiempo, algo deseado y potenciado por los reyes y clases dirigentes. En injusto monopolio.

Hubo procesos importantes que hicieron avanzar y mejorar la capacidad cognitiva. La primera revolución industrial (siglo XVIII), apoyada en avances tecnológicos, utilizó el carbón como fuente de energía primordial, e inventó el barco de vapor y el ferrocarril, etc. La segunda, (finales siglo XIX y principios del XX) se apoyó en el conocimiento científico, en nuevas fuentes de energía- como el petróleo- e inventó el avión, coches, cine, teléfono... Obviamente, estos procesos supusieron un gran avance en nuestras capacidades cognitivas.

En el siglo XVIII, el Reino de Prusia fue uno de los primeros del mundo en establecer la enseñanza obligatoria y gratuita. En España, se promulgó la primera Ley de Instrucción Pública (Ley Moyano), en 1857, estableciendo que la enseñanza podía ser pública o privada, siendo el Gobierno el director de la enseñanza pública, e interventor en la privada. Hasta entonces la educación- aunque no generalizada- estaba en manos de la Iglesia.

Pero el proceso de potenciar nuestra capacidad cognitiva y nuestra riqueza, han llegado a un punto tal que parece diferenciarse de todo lo ocurrido en el pasado. ¿En qué sentido?

Por primera vez en la historia de la humanidad, una persona podrá pasar- en muy breve tiempo- de ser una persona normal, a tener en su mente todos los libros que configuran la carrera de Física, Química, Energía Nuclear, Medicina y otras muchas, juntas. Y se supone que, también, ayudará a curar enfermedades.

Esto parece, en principio, maravilloso. Sin embargo, sería ingenuo pensar que todo lo que se puede hacer, se debe hacer. Porque algunos avances científico-tecnológicos pueden plantear problemas éticos. Alguien podría decir que no le importan los problemas éticos. Pues ya me dirá qué tipo de sociedad viviremos si declaramos oficialmente que la ética nos importa un pimiento. Esto es lo que tendríamos que enseñar a nuestros hijos. Haz lo que quieras. Miente, no tengas límites, ni escrúpulos. Actúa como el socialista Pedro Sánchez.

Hay, además, otro serio problema.

Habrá gente que podrá utilizar estos avances- no para que la gente sepa más, o se curen enfermedades- sino para crear super-soldados obedientes y muy eficientes para matar. A las órdenes de un grupo mafioso. O científicos muy competentes y sin escrúpulos a las órdenes del mal. Lo de ahora, pero multiplicado por mil.

Uno de los grandes problemas que nos plantean estos avances científico-técnicos, es si nosotros- las democracias respetuosas con los derechos humanos- podemos controlar este proceso, o si no podemos. En este último caso, la capacidad para hacer el mal será de una peligrosidad jamás vista. Se podrá destrozar nuestro mundo sin necesidad de bombas atómicas.

Personalmente, deseo que no sigan adelante si no pueden garantizar que el proceso estará controlado por leyes democráticas que hagan respetar los derechos humanos. Y creo que no pueden.

PD. Imagine que los social comunistas Sánchez, Iglesias y sus socios (Bildu, ERC…), controlaran estos peligrosísimos avances científico-técnicos. Además de controlar instituciones estatales básicas, sistema educativo y la mayoría de los medios de manipulación.

No me fío de nadie con tanto poder, y mucho menos de este infame gobierno social comunista.

¿No imagina lo que haría esta gentuza sin escrúpulos? ¿En serio?

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