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Armengol, Hila y la reforma electoral pendiente

martes 05 de enero de 2021, 03:00h

Una de las características más destacadas de la política balear es la tendencia o deriva a estar dirigida, cada vez más, por personas que se pueden considerar como “funcionarios de partido”; cuya característica principal es anteponer su propia supervivencia política a cualquier otra consideración. Por eso mismo están muy alejados de “fabricator mundi” o generador de nuevos espacios que puede rehacer malas construcciones anteriores.

Aunque los hay en todas las franjas del espectro político, Armengol o Hila son dos de los más arquetípicos ejemplos de este tipo de dirigente, Son el resultado de un sistema electoral con partidos políticos cerrados y monolíticos, sin cuadros intermedios, que encumbran a personas ambiciosas que han sido capaces de aguantar mucho tiempo “haciendo cola”, esperando turno en su ascenso a la cumbre. Pero, precisamente por todo esto no necesariamente son representativas de los verdaderos deseos de los electores, pues además apenas participan aspirantes de rasgos diferentes.

De hecho, para su supervivencia política, adoptarán únicamente aquellas ideas o iniciativas que contribuyan a afianzar su escalada. Lo que significa que en ningún momento se convertirán en representantes de un colectivo concreto. Hasta alcanzar algún cargo de responsabilidad, aceptaran el cien por cien de las consignas de sus jefes superiores. Después, una vez alcanzada la cumbre, sus actuaciones irán encaminadas única y exclusivamente a evitar, o minimizar, el desgaste propio del desempeño para asi poder continuar con su carrera política.

Es decir, su norte se orienta a evitar cualquier riesgo, a ser decididos amigos de los poderosos y a utilizar una retórica de buenismo social facilón y popular, al tiempo que atribuyen todos los males a los adversarios o a las administraciones que consideran ajenas. Es por eso que no se puede esperar de este tipo de dirigente ninguna actuación singular que suponga un intento de auténtica mejora social. Por el contrario, sí que se puede esperar que acepten cualquier tendencia que refuerce su posición de poder, siendo las dos más importantes, la compra de voluntades mediante el reparto de cargos públicos, subvenciones o prebendas, y la de abrazar todas las consignas propias de la incoherente corrección política, donde el debate es totalmente imposible al apelar a los sentimientos en vez de a la razón.

Así, los procesos electorales se han ido convirtiendo en subastas a pagar por nuestro hijos y nietos. Acelerando una expansión de la actividad gubernamental que, así mismo, otorga mayores posibilidades a los grupos de presión para utilizar el aparato del Estado en beneficio propio, a costa del resto de la sociedad. Quizás, sea éste uno de los grandes motivos a considerar a la hora de explicar los deslizamientos pendiente abajo de nuestra comunidad en todos los ránquines comparativos, aunque lógicamente, nunca aparecerá en ninguno de los estudios financiados por las instituciones por ellos dirigidas.

Llegados a este punto no queda más remedio que reconocer que los políticos, como cualquier otra persona, responde a los incentivos que les marcan las reglas del juego que, en este caso, son las normas electorales.

Como es muy probable que la actual normativa electoral balear genere dudas de inconstitucional al no reflejar correctamente la representación territorial, y por tanto tenga que ser modificada, estamos ante un excelente momento para pensar, desde los diferentes foros de reflexión, qué incentivos queremos para quien quiera acercarse a la política y a sus puestos de mando. De alguna manera, también estaremos esbozando el modelo de sociedad que preferimos y adelantándonos, por una vez, a un potencial debate de regeneración nacional.

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