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Indisciplina y proporcionalidad

sábado 06 de febrero de 2021, 12:14h

Al año del primer caso de SARS-CoV2 en nuestro país estamos en la cima de la que se viene a llamar la tercera ola. Los datos de contagio apuntan a la bajada de la transmisión comunitaria medida por la reducción del índice acumulado de infectados. La reducción de enfermos ingresados en hospitales confirma esta tendencia. El nivel de ocupación de las UCIS sigue siendo elevado por el efecto “resaca” que acompaña a este indicador. Por otro lado, se está observando que la mortalidad de la infección, en esta ola, es más elevada.

Al año de iniciada la pandemia continuamos sin tratamientos efectivos. Las herramientas terapéuticas con las que se cuenta tienen una eficacia muy limitada. En el ámbito de la inmunización se está produciendo un logro sin precedentes. Varias vacunas están en el mercado y ya se están administrando a la población. Los vehementes comunicados de científicos e industria a lo largo de estos meses no iban de farol.

El daño de la epidemia sobre el tejido productivo y las consecuencias sobre el empleo y la actividad económica está superando, al alza, todas las expectativas y variable por el tipo de actividad económica y territorio.

En este tiempo, el esfuerzo de la investigación y la tecnología en el campo del conocimiento de la COVID19 no tiene parangón en la historia de la ciencia.

Se está bajo los efectos de la misma epidemia, con actividad que cursa con oleadas, en un escenario absoluta y continuamente cambiante.

Entre los hechos más significativos cabe destacar que hace solo dos meses que las autoridades sanitarias, y no todas, han aceptado que la transmisión más relevante se realiza por aerosoles. El documento que admite esta transmisión y da recomendaciones para reducir el riesgo de contagio, como evitar gritar y cantar en espacios cerrados y mal ventilados, en España, es de finales de noviembre. La recomendación de protegerse con mascarillas tardó en producirse. La conveniencia de utilizar mascarillas con filtros más potentes en trasporte público es de anteayer. La posibilidad del seguimiento temporal de los infectados a través de una aplicación digital al parecer no se ha desarrollado. La necesidad de implementar recursos funcionales asistenciales intermedios tipo cuidados críticos respiratorios para mejorar los resultados está poco generalizada.

Las infecciones actuales no tienen nada que ver con el virus inicial, sino con cepas mutadas en distinta relevancia. La infección en el ámbito familiar muestra como la infectividad de los gérmenes actualmente en circulación, así como su virulencia lo confirma.

Aún con todo, este escenario, especialmente por la inmunización, dibuja el principio del fin. Sin embargo, el tiempo que vamos a tardar en controlar la pandemia es importante porque se mide más que en días en pobreza, enfermedad y muertos.

De ahí que sea lamentable la contribución de una pequeña parte de la población, indisciplinada, en el mantenimiento de la cadena de infección comunitaria, la falta de rigor en la planificación del plan de vacunación comunitario, la ausencia de homogeneidad y de argumentación en las decisiones restrictivas que afectan en especial a aquellos que ya las cumplen y siguen sin control los que las trasgreden.

A lo largo de la epidemia las mayores multas se han producido en las protestas, no en las infracciones. Como sociedad, es para hacérselo mirar. Buen finde.

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