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Ni mejor ni peor (I)

miércoles 10 de marzo de 2021, 03:00h

El libro del profesor Juanma Badenas, ‘La derecha. La imprescindible aportación de la derecha a la sociedad actual’, es un libro de calidad, que merece ser leído. Comentaré algunas cuestiones de interés.

En la página 82 y ss. dice que los eminentes profesores norteamericanos, Haidt (Universidad Nueva York) y Lakoff (Universidad de Berkeley) afirman que conservadores y progresistas tienen visiones del mundo diferentes. Aunque la moral ‘conservadora’ sería más compleja porque se apoya en más fundamentos que la ‘progresista’, ambos profesores dicen que esto no significa que una sea mejor que la otra. De modo que no estaría justificado ningún complejo de superioridad, ni de inferioridad. Ni de progresistas, ni de conservadores.

No son ensayos puramente teóricos, sino que tienen una base empírica bastante importante. O sea, que estudiaron el comportamiento efectivo de las personas.

Es curioso que digan que, con algo tan importante como elegir un partido político (conservador o progresista) que nos ha de representar en una legislatura- o más-, no les votemos porque uno sea (para el votante) mejor que el otro. Sin embargo, habitualmente elegimos lo que consideramos mejor, si tenemos capacidad económica para obtenerlo. Por ejemplo, si vamos al mercado para comprar gambas, y hay gambas frescas y gambas congeladas, elegiremos las gambas frescas, si tenemos dinero suficiente. Porque son mejores.

Si pasamos a los seres humanos, sucede algo parecido. Cuando un hombre- supongo que en la mujer es por el estilo- pretende encontrar pareja para formar una familia, no busca lo peor, sino lo mejor que pueda encontrar. Aquí entra en juego la subjetividad. Con los objetos, la subjetividad también juega un papel, pero menos importante que en el caso de las personas. En todo caso, cuando ‘elegimos’ una persona para convivir con ella, tratamos de conseguir ‘lo mejor’. Otra cosa es que la persona ‘elegida’, acepte. Pero intentamos ‘lo mejor’ posible, con nuestra subjetividad incorporada.

¿Por qué en el ámbito de la política no existiría ‘lo mejor y lo peor’? Richard M. Weaver escribió ‘Las ideas tienen consecuencias’. Pues bien, las ideas de una u otra concepción -moral conservadora y moral progresista-, tienen consecuencias. Y estas consecuencias (algunas de ellas, al menos) son valoradas, habitualmente, como mejores o peores. Es cierto que el seguidor de la concepción moral básica (C) tenderá a valorar las (o algunas) consecuencias de manera distinta al seguidor de la concepción moral básica (P). Pero deben hacerse dos tipos de consideraciones.

La primera, es que la gran mayoría de los seguidores de (C) y (P), reconocen de manera igual o parecida, ciertos aspectos fundamentales de la vida social. Normalmente, ambos seguidores rechazan el asesinato, la tortura, el robo, la violación, el fraude, etcétera. Se podrán establecer matices, pero, en general, es así. Y si no fuera así, la estabilidad de la sociedad estaría en serio peligro. Imaginemos que la mayoría de la sociedad considerase que el asesinato, la violación y el robo fuesen aceptables.

La segunda, es que no todos los seguidores de (C) y (P) son tan fanáticos, que sean incapaces de reconocer los errores (o algunos errores) de los suyos, políticamente hablando. Por supuesto que los hay. Sólo digo que no todos son así.

Aclaro, antes de seguir, que no dudo de que ‘comunistas, podemitas, filoetarras, golpistas’ y los que les apoyan (Sánchez en cabeza), son ‘lo peor’. Ignoro si existe ‘lo mejor’ (hablo de España, 2021), pero seguro que existe ‘menos malo’ que lo anterior. Como dice Rosa Díez de este gobierno, ‘son una cuadrilla de golfos’.

Tenemos que hacer una distinción que, espero, nos ayude a entender mejor lo que estamos tratando. Una cosa es la moral, que se refiere a ciertos comportamientos y lenguaje vinculado a estos comportamientos de los miembros de una sociedad, y otra diferente, la ética. La ética es un lenguaje que se refiere al lenguaje moral (e indirectamente al comportamiento vinculado a este lenguaje) de los ciudadanos de una determinada sociedad. Es decir, la ética es un metalenguaje que se refiere a un lenguaje objeto (el lenguaje moral). El metalenguaje (ético en este caso) puede adoptar una perspectiva descriptiva, o normativa.

Si es un metalenguaje descriptivo, describe -ordenadamente- los comportamientos morales de las personas de una sociedad dada, en un momento dado. Y si es un metalenguaje normativo o prescriptivo, dice cuál es el comportamiento moral que tales personas deberían tener. No el que tienen.

Ahora pasemos a la política. También podemos distinguir entre el lenguaje político y el comportamiento vinculado a este lenguaje de los ciudadanos (que sí creen que existe lo ‘mejor’ y ‘peor’ en política) y el metalenguaje de ciertas personas (en este caso de los profesores citados) sobre el comportamiento y lenguaje político de los ciudadanos. Este metalenguaje (esta vez político) puede ser, también, descriptivo o normativo.

Los profesores citados, creen que no existe una moralidad política ‘mejor’ y peor’ (progresista y conservadora) en el ámbito político. Si el metalenguaje (de estos profesores) es descriptivo, se equivocan. ¿Por qué? Porque dicen lo contrario de lo que dicen y hacen los ciudadanos. Por lo menos mayoritariamente. No tengo datos sociológicos, pero me atrevo a afirmar que la mayoría de los ciudadanos cree que hay ‘mejor y peor’ en política. Y actúan en consecuencia.

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