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¿Higadillos o tiempos de perdón?

martes 06 de abril de 2021, 03:00h

Silencio. Disculpen el imperativo. Entran los primeros compases del gran Louis Armstrong tocando What a Wonderful World. Un himno. Todo lo que dice la letra de esa maravilla lo suscribo para los míos y para mí. Todas y cada una de sus estrofas son un canto a la bondad y a la belleza. Debería ser obligatorio conocerla por los ciudadanos a modo de credo moral. Como cada lunes escribo mi columna para mañana pero esta vez, al ser fiesta en la capital de este pequeño imperio, les escribo desde casa. Mala cosa tener herramientas en casa que tanto pueden servir para trabajar como, este es el caso, comunicarse con los amigos. El sol de abril ya es completamente primaveral. Hace calor si se está resguardado del viento y he visto imágenes de algunos temerarios, sin sentido común alguno, bañarse en el mar, con lo fría que está el agua de mar; no creo que nos veamos hasta mitad de julio, como buen ciudadano de este pequeño país que soy. Blacky está tumbado a mis pies a modo de calefacción y aunque uno no sea de pierna larga, no me permite estirar las mías. Todo en orden.

Ha sido, como lo fue el año pasado y lo es lo que llevamos de este, una Semana Santa atípica en la que las tradiciones y ritos han quedado suspendidos o reducidos casi a la intimidad de las grandes Catedrales. Ya saben que en Mallorca tenemos dos, la Seu y la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles, Iglesia parroquial de Sineu y Catedral del Pla de Mallorca. De obligada visita ambas. Les decía que casi todos los actos religiosos públicos se han visto muy afectados al no salir procesiones a penitenciar ni ser posible acudir a hermosas celebraciones religiosas en los templos. Pues bien, a la peña le ha dado por alardear. Las redes han sido un especial campeonato o exhibición de panades y en menor medida robiols. Saben que en España es motivo de guerra civil el abrir el debate sobre si la tortilla de patatas debe llevar cebolla o no, pues en este pequeño país, Mallorca, se discute hasta límites de dudosa soportabilidad si las panades deben ser de pasta dulce o salada. Normalmente la discusión acaba con algo así como en mi casa lo han hecho siempre así a modo ejemplarizante. Nunca habrá acuerdo en este tema pues, como nuestros políticos, no somos capaces de soportar que uno tenga una idea mejor que la nuestra. Chulería o tozudez, en la mayoría de casos estupidez y falta de tolerancia.

Aunque no lo crean me ha resultado imposible no enterarme. Ya no es un tema de actualidad, ni de cultura, ni de información general. Desde que supe que eso existía he puesto todos los medios a mi alcance para no verme alcanzado o enterado y me han atacado por alguno de los chats jurídicos a los que estoy adscrito. No por el hecho en sí, sino por la trascendencia jurídica que puede alcanzar esta cuestión. Lamentándolo mucho debo anunciarles que Rociito vive. Y no solo eso, vomita. No debo excusarme ante Vds., quizás solo ante mis hijos, pero les digo que en casa solo se ve tele5 de Pascuas a Ramos, como el Sábado pasado vi la final de la copa del Rey del año pasado entre los dos equipos vascos más importantes, no encontrando la Federación un campo más cercano para jugar un partido a puerta vacía que el de Sevilla. Es un país de opereta.

Parece ser que esa señora, Rociito, ha contado cosas ocurridas hace una veintena de años. Nada actual. Cosas que de verdad a nadie le interesa pero nos lo han hecho tragar cual oca a la que están cebando, con embudo. Le ha pagado un pastizal, una cantidad indecente que no gana ni un médico del servicio público, ni un profesor ni un catedrático de universidad, ni un investigador, y quizás muy pocos periodistas.

Silencio. Hello Dolly.

Las cosas que parece contó esa Sra. No se cuentan en un plató de televisión sino en un sórdido y oscuro despacho a veces incluso en sótanos, del Juez de Violencia para la Mujer. En esa silla y ante un profesional especializado que le garantizará su protección y bienestar es donde se cuentan esas cosas. Hace unos 28 años ejercí la acusación contra un señor que había apuñalado hasta trece veces a su esposa porque ella había solicitado el divorcio. El famoso la maté porque era mía. Afortunadamente no la mató. A estas alturas aún sigo en contacto con esa mujer, que andará por los setenta y cinco y que es una madre coraje que ha sacado seis hijos adelante, ha pagado religiosamente la hipoteca y ha trabajado como un animal porque su ex marido, un machito de barra de bar además de un vago recalcitrante nunca estuvo a la altura de su mujer.

Un Magistrado del Supremo, del Tribunal Supremo, Vicente Magro, ha escrito una novela te querré siempre para mí en un relato a modo de novela negra aborda desde los perfiles psicológicos el drama del mal trato y acredita que esos comportamientos quizás atávicos quizás no, no entienden de clase social, económica o cultural. Aunque eso no quiere decir que esté alineado con las feminazis. Un hombre no es un asesino en potencia, es en la gran mayoría de los casos amante, marido, amigo, confidente, padre, hijo, nieto, tío, sobrino, maravilloso y después existe una minoría marginal que no lo son y que o bien a través del micro machismo o bien a través de los asesinatos son unos canallas.

A mi entender un flaco favor a hecho esa Sra. Rociito, en acudir a un plato, precio mediante, a contar cosas que debería saber un juez, o bien cosas de higadillos que ni siquiera un juez debería saber por su repugnancia.

Miren, siempre he pensado que hay tres sentimientos que son inútiles, los celos, la envidia y el odio. Esos sentimientos hacen sufrir mucho a una persona hasta el punto de llegar a hacerla enfermar. La víctima no es el odiado sino quien siente odio. El odiado en muchos casos no se entera y si se entera en la mayoría de los casos le da igual. Aunque sea por razones egoístas sigo pensando que es mucho más práctico perdonar y sobre todo olvidar. Envidiar, o tener celos, u odiar son de mucho desgaste, de ansiedades y decepciones cuando le va bien al odiado. En serio piénsenlo y trabájenlo, todos podemos mejorar en esos aspectos.

Unas últimas líneas para pedirle al Almirante Hila que abandone la propaganda tan de izquierdas, el más grande fue el Dr. Goebbels, para empezar a resolvernos los problemas que están en su mano resolver a los ciudadanos. Aún le da tiempo antes de las elecciones a dejarse de postureo y ponerse a trabajar (ya sabe cuándo una cosa no sabe lo que es acuda a google) como le dije. Esta semana introduzca el vocablo trabajar, a ver qué pasa.

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