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La herencia de Iglesias

martes 18 de mayo de 2021, 07:00h
Las propuestas que realizan los populistas ignoran intencionadamente la extensa experiencia acumulada a lo largo de la historia que demuestra, de forma reiterada, el fracaso de las mismas. Y eso que sus dirigentes de máximo nivel, incluido el propio Iglesias, son personas cultas con la preparación suficiente; por lo que se puede concluir que las realizan a sabiendas de sus negativas consecuencias o, en el mejor de los casos, de su inutilidad.

Lo hacen, en primer lugar, porque prometer muchas cosas, aunque éstas sean contradictorias, es una forma de ganarse al público que, lógicamente, no tiene por qué tener el mismo nivel ni de formación ni de información política. Es decir, cómo son planteamientos que suenan bien en determinados ámbitos tienen capacidad de atraer la atención del votante que practica, en este caso de forma justificada, la ignorancia racional. Así se convierten en una palanca que puede facilitar el acceso al poder de candidatos embaucadores sin escrúpulos.

En segundo lugar, sobre todo, son iniciativas que, en caso de llevarse a la práctica, pueden contribuir a destruir la economía de libre empresa, empobreciendo más y más al conjunto de la sociedad. Fenómeno que el populista aprovechará, sin embargo, para cargar las culpas al capitalismo, o a los opresores del país vecino, a la casta o a quien haya declarado su enemigo imaginario. De hecho, su auténtica intención es acabar destruyendo los valores del pensamiento lógico, para poder configurar a su modo y manera la “verdad” mediante la construcción de un “marco mental” de pensamiento. Desde luego, saben que cuando más cercana sea a la verdad, mejor será la mentira que podrán explotar; incluso, la misma verdad, cuando puede utilizarse, se transformará en la mejor mentira.

Cuando esto se consigue resulta tremendamente difícil el juego de las alternancias en el poder. Pues incluso en el caso, más o menos remoto de que se produzcan, resultará imposible implementar políticas alternativas Lo hemos visto en Cataluña, en donde los nacional-populistas llevan décadas y décadas gobernando a pesar de sus sonoros y contundentes fracasos. Ciertamente, desde sus inicios el pujolismo supo que lo verdadero o lo falso está más ligado a un juego de poder que a otro de evidencia o de argumentos.

Pablo Iglesias ha practicado esos mismos principios pujolistas, en asociación con Sánchez, aceptando que la común realidad de las cosas puede ser alterada o reconstruida para la conquista y el mantenimiento del poder. Pues, efectivamente, cuando una sociedad está dañada por cualquier motivo, como por ejemplo una crisis económico-sanitaria, y tiene necesidad de tener esperanza es posible que acepte, sin mayores problemas, cualquier tipo de “marco mental” que transforme la "verdad". Dicho con otras palabras, han tratado de que sea el poder -ejercido por ellos- quien decida qué es lo verdadero o lo falso.

Por todo ello, la herencia del podemita, administrada por el actual socialismo sanchista, continuará presente en la política española por mucho tiempo, dificultando el progreso y el avance social.

En cualquier caso, tanto la política catalana como ahora la española, demuestran la importancia del debate cultural. Las elecciones en Madrid han evidenciado, una vez más, la importancia de contraponer a la verdad artificial diseñada por Iglesias-Sánchez los valores del auténtico republicanismo cívico contenidos en nuestra Constitución, y que son un reflejo del aprendizaje realizado, con esfuerzo y rigurosidad, por las generaciones de los dos últimos siglos.
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